Hay un muro. Un gran muro. Dentro de ti. En tu interior. Ladrillos. Ladrillos de veneno y vaciedad. Disfraces y máscaras. Más ladrillos. Hastío , miedo, miradas confusas , búsqueda a tientas. Ladrillos. Callejón sin salida , rumbo perdido, manos heridas , labios de cal. Más ladrillos. Donde el crecimiento se paraliza y la ansiedad aparece amenazante estancando el agua de nuestra sed y viciando el aire del presente. Horizonte plano, limitado, rígido: Un hombre se asoma a su borde buscando oxígeno. Otro lucha por no ahogarse enredado en la espiral de su propio ombligo. Ladrillos. Ladrillos. Verdugo, víctima, culpable, testigo, cómplice. Más ladrillos. Una pared de Babel que parece alzarse fría hasta el infinito... Y un grito de silencio que plomizo cae y se levanta en un hilo buscando una respuesta. Y una mano extendida que ya no espera nada y se abre hacia el cielo buscando hacia otra mano... Entonces, búscale. Cierra tus ojos, y búscale. Deja que sus palabras penetren en tu ser y lleguen directas al nervio de tu alma. Deja que sus palabras te liberen. No huyas, no niegues aturdido, no busques de nuevo puertas falsas. No te engañes más con esquivos razonamientos tras los que el orgullo esconde su hipocresía. Búscale. Cierra tus ojos y búscale. Llévale en tu aliento la zozobra y en un ángulo dobla el alma hasta sus pies... Sentirás como el muro quedó atrás para siempre. No hay muro.Ya no hay muro. Ya no hay corazas que opriman tu pecho. El horizonte limpio, el cielo siempre azul, el cielo a veces negro, el cielo siempre bello. "— dijo entonces al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."