LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Cuaresma 2008
Miércoles de Ceniza
Traducido por
Lucía Gayón,
Coordinadora de México
    “¿Qué es lo que  harás para la Cuaresma?”  Es una pregunta que se escucha ahora
    en un tono un tanto burlón.  La idea de ´ejercicios espirituales´ o ascetismo está
    asociada con  religiosidad negativa, auto-rechazo o auto-moralismo cerrado.  Sin
    embargo,  la pregunta se hace con frecuencia – nos conecta con una necesidad
    profunda que se desarrolla activamente en el camino espiritual – y por lo tanto, para
    todos nosotros, especialmente entre la gente que tienen una práctica consciente
    espiritual, esta es una pregunta importante.

    Muchas religiones tienen periodos de práctica ascética intensa – Ramadan, los
    retiros de las Lluvias Budistas o el Thai Pusam hindú, por ejemplo.  Para los
    cristianos la Cuaresma refleja los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto antes
    de iniciar su vida pública, lo que nos ofrece una oportunidad para renovar y recargar
    nuestro compromiso y devoción al Camino.  La Cuaresma es la estación anual en que
    la Iglesia lleva a cabo ejercicios espirituales en los que su punto focal es Cristo y,
    localmente, personalmente, el anhelo humano por la sanación y la salvación, la
    integración y la santificación.  Como se sincroniza con la celebración de Pascua, es
    también una reflexión experimental en la que este anhelo humano se lleva a cabo
    radicalmente a través de la mortalidad de Jesús.  De una manera bien armada, la
    Cuaresma involucra los aspectos físicos del proceso espiritual.  (Debemos sentirnos
    tanto física como psicológicamente mejor por una buena práctica de la Cuaresma).

    Pero esto es la razón por la que para mucha gente moderna se le dificulta
    comprender la Cuaresma y porque la vemos solo como ´una renuncia´ a los placeres
    que pueden parecer inofensivos o infantiles.  Necesitamos una percepción litúrgica y
    sacramental de las cosas para que esto tome sentido.  La liturgia, adoración en
    público, eleva al individuo de su estado fragmentado a la comunidad.  Entonces, es
    verdad que lo puede en cierto grado un partido de fútbol, o el carnaval en Río, o un
    concierto de rock.  Pero la liturgia va más allá que estas experiencias compartidas
    pues profundiza el significado de la comunidad que realiza – ultimadamente no en el
    equipo, o en la tribu o en la fiesta, sino en toda la humanidad – y también en la
    integración armoniosa del cuerpo y la mente que la buena liturgia reconoce y
    promete.  La liturgia es sobre la presencia física.  No se puede llevar a cabo
    satisfactoriamente por un sistema proxy o virtualmente.  Esto es entonces la
    finalidad de ´ir a la iglesia el domingo´.  Pero la liturgia es mucho más que eso.

    El ciclo litúrgico del año se solía integrar totalmente en los calendarios sociales y
    políticos.  Había solamente un calendario para todo – esto, desde luego, tenía sus
    peligros y debilidades también – mientras que hoy tenemos varios calendarios
    paralelos que reflejan nuestras múltiples y frecuentes identidades compitiendo entre
    sí.  Si tuviéramos un calendario litúrgico en nuestra vida  casi siempre estaría
    subordinado – ya que el trabajo y la diversión usualmente tienen mayor peso.  Aunque
    hayamos ganado algo de libertad personal al desconectarnos de las estaciones
    litúrgicas de la Iglesia, también hemos perdido algo muy valioso.  Para muchos la vida
    hoy es como un terreno gris en el que el estímulo artificial y las distracciones del
    entretenimiento o exceso de trabajo pasan como patrones indiferentes del clima.  
    Por contraste, el sentido del tiempo litúrgico teje una historia sagrada – para los
    cristianos, una narración histórica – en nuestras vidas diarias y en nuestras
    estaciones.  Así como se refleja con la fiesta movible de la Pascua, de acuerdo a las
    fases de la luna, esto nos hace percatar que, a pesar del ambiente artificial que  
    hemos creado, también habitamos en un mundo natural  que canta en nuestra sangre
    y en nuestro sistema límbico.

    En la Cuaresma no solo recordamos cuando Jesús fue al desierto para ser tentado.  
    Comprendemos que también nosotros debemos entrar a un desierto personal, en el
    cual aprendemos a luchar con las fuerzas obscuras que debe enfrentar todo aquel
    que está interesado en la iluminación.  El viejo lenguaje de la lucha con Satanás o de
    la guerra espiritual, debe ser redefinido ahora, pero no debe ser rechazado
    demasiado pronto ya que toca partes muy reales de nuestro crecimiento y sanación
    personal.  Los  maestros del pasado lo expresaban diciendo que ´construimos
    nuestras defensas´ contra los poderes de la obscuridad a través de ejercicios
    espirituales que se llevan a cabo en la Cuaresma.  Nos hacemos fuertes resolviendo
    los problemas y las barreras que encontramos tanto en nosotros mismos como en
    los eventos inesperados de nuestras vidas.

    Entonces una buena forma de prepararnos para comprender la Cuaresma, después
    de leer a Isaías 58, es leer el relato de los Evangelios sobre la tentación de Cristo en
    el desierto – Mateo 4:1-11, Marcos 1:12-15 y Lucas 4:1-13.  Estos relatos diferentes  
    reflejan una variedad de posibles interpretaciones y pueden hacer un buen material
    de lectio entre hoy y el primer domingo de Cuaresma, en cuatro días.  ¿De qué es
    Jesús tentado?  ¿Cuál es la base de su rechazo a esas falsedades e ilusiones?  
    ¿Porqué surge del desierto después de su bautismo, listo para iniciar su misión?

    La percepción litúrgica del tiempo teje nuestras historias individuales en algo mucho
    más grande.  Expande nuestros horizontes al mismo tiempo que nos reta a ver el
    insignificante imperialismo y territorialismo del ego.  Una vez que comienza a formar
    parte de nuestra percepción acerca del significado del tiempo, nos abre una visión
    sacramental también.  Esto está enlazado intrínsecamente en nuestra integración
    humana – cuerpo y mente.  El poder ver las cosas sacramentalmente es poder ver el
    valor sagrado de lo físico y de lo  mundano.  Es saber que ´el mundo está lleno de la
    grandeza de Dios´.  Nos permite probar y gozar la belleza  y la maravilla de las cosas
    sin destruir nuestra apreciación de las mismas con un análisis compulsivo o
    reduccionista.  Especialmente en este tiempo del año en que en el hemisferio Norte
    podemos mirar la naturaleza con admiración.  En la primavera podemos ver la
    maravilla de la nueva vida surgiendo de entre las hojas muertas.  Podemos ver
    pequeñas flores de belleza cósmica probándose ser más fuertes que la tierra
    congelada.  La naturaleza generosa de la vida  y la Palabra de Dios encuentran una
    metáfora suprema en la belleza de la estación.  Como toda belleza, la mejor manera
    de gozarla y respetarla y de sentirnos unida a ella en esta epifanía, es dejándola sola.

    Día tras día me buscan y quieren conocer mis caminos (Isaías 58:2)

    En el hemisferio Sur, desconocido para los poetas bíblicos, las metáforas de las
    estaciones para la Cuaresma y para la Pascua añaden una dimensión más allá en su
    significado para nosotros hoy.  Hoy en que es fácil vivir todas las estaciones casi
    simultáneamente, compartir estos símbolos sacramentales enriquecen nuestro
    sentido de la maravilla de nuestro hogar terrestre así como nuestra frágil pero
    profunda unidad humana existencial dentro de ello.

    La Cuaresma es el tiempo en que refinamos y purificamos nuestros sentidos
    espirituales e identificamos los hábitos o patrones que los contaminan.  La forma de
    hacer esto es con los ejercicios que llevamos a cabo en esta estación.  No es el
    tiempo para auto-castigarnos o para reprimirnos.  Hoy, especialmente, la psique
    humana está muy frágil para ello.  Pero cuando un amigo toma la valentía de decirnos
    algo que tal vez no quisiéramos escuchar, cuando se expone una falta, o hay
    deshonestidad de lo cuál te sientes culpable, no te ocurre (al final) que te sientes
    agradecido por la expresión de amor y de preocupación hacia ti?  No es condenación,
    sino ´arrepentimiento´ lo que funciona para acelerar nuestro camino espiritual.  
    Arrepentirnos no significa sentirnos culpables, que es una pérdida de tiempo y de
    espíritu.  Significa ser  honestos, tener una visión clara y valiente para cambiar de
    dirección.

    Antes de cambiar de dirección es mejor hacer un alto. La Cuaresma es el tiempo
    supremo en que damos más tiempo a aquello que normalmente pensamos que
    podemos hacer con la mecánica de la vida espiritual.  No es solo el renunciar a algo,
    sino hacer algo más.  Algunas veces las dos cosas se pueden balancear muy bien –
    menos tiempo mirando la televisión, más tiempo para leer, ir a la cama a dormir
    temprano para despertar más temprano y meditar, escuchar las noticias solamente
    una vez al día, orar el Oficio de las Horas más seguido, comer menos pero mejor, vivir
    y comunicarnos de una forma más sana.  Desde luego, las buenas intenciones se
    pueden sostener mejor cuando son realistas.  Es mejor desacelerarnos
    gradualmente antes de cambiar dirección o de lo contrario te irás dando vueltas.  El
    objetivo de las disciplinas de la Cuaresma es revertir el momento del auto-rechazo y
    permitir la experiencia que nos eleve y nos cubra, la experiencia de saber que somos
    amados.  Este conocimiento (de cualquier forma en que nos llegue) es de hecho el
    ‘conocimiento de Dios’.  El cambio del momento está en la quietud.  Por lo tanto,

    ´Estad quietos, y conoced que yo SOY DIOS´ (Salmo 46)  - Vacate et videte
    quoniam ego SUM DEUS.

    Finalmente,  te puede llevar hasta la Pascua para asimilar esto, la unión sensible de la
    liturgia y lo sacramental se logra con una variedad de formas adecuadas al
    temperamento y el nivel de desarrollo que tengamos.  Hay mucho para elegir – la
    lectura de las Escrituras, participación en los sacramentos, otras formas de oración,
    ayuno.  El principio de ´auto-negación´ sirviendo un fin positivo es la moderación.  
    Pero a veces un periodo de abstinencia es el mejor camino para restaurar el
    balance.  ¿Hay algo que haces en exceso?  Enfócate en ello y mira si puedes
    ´renunciar a ello´ durante la Cuaresma para poder restaurar un gozo moderado (y por
    lo tanto sublimizado).  ¿Te has percatado de que hay algo que quisieras hacer
    regularmente, pero que no encuentres el tiempo para hacerlo?  Trae esto a tu  mente
    y mira si realmente te gustaría dedicarle tiempo.  Y no te olvides de otras formas
    creativas que la tradición Cristiana ha siempre enfatizado como dar la limosna, que
    es el dar (y renunciar) el tiempo o el dinero para aquellos que tengan mayores
    necesidades que tú.  Esto es especialmente útil en esta era de consumismo y de
    ansiedad material.  Es una oportunidad de practicar el verdadero dar – anónima,
    modesta y desinteresadamente, sin esperar nada a cambio, incluso una buena
    consciencia.  

    O , como las “buenas obras” una acción activa de ti mismo para deshacer la
    injusticia.  Les tomó a los cristianos más de dos milenios el reconocer que la
    esclavitud no encajaba con los valores del Evangelio.  Esta Cuaresma, tal vez no vas a
    llevar la paz al Medio Oriente o tampoco revertir el calentamiento global. Pero puedes
    ayudar; y al hacerlo tendrás la luz para encontrar alguna responsabilidad cerca de tu
    hogar, en la familia, en la comunidad o en tu lugar de trabajo.

    ´Este es el ayuno que yo amo - oráculo del Señor: soltar las cadenas injustas,
    desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos  los
    yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo;
    cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne´.   
    (Isaías 58:6-7)

    John Main pensaba que la oración es la esencia del ascetismo cristiano, el volver de
    nosotros mismos hacia el Otro.  Esto implica una cierta profundidad de oración, una
    profundidad en la sencillez y en la pureza que solamente el mantra nos puede dar.  O
    tal vez para un meditador la primera práctica de Cuaresma que puedes llevar a cabo
    con alegría – y esta crecerá con el  tiempo – será preparar mejores períodos de
    meditación, ser más leal a ellos y a la repetición del mantra dándole la mayor posible
    atención, fidelidad y amor.   Entonces, más que nunca,  

    ´El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y
    llenará tus huesos de vigor; tú seras como un jardín bien regado, como una
    vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan´.  (Isaias 58: 11).

    Con todo cariño en el camino que vamos a compartir en los próximos días,



    Laurence Freeman OSB

PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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