LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Cuaresma 2007
Traducido por
Magdalena Pueba,
Coordinadora de
Argentina
    Se me dijo que Indonesia es uno de los lugares mas poblados de la tierra. Y la
    estadística se hizo más real,  a medida que circulábamos ese día atravesando el
    tráfico vespertino de Yakarta, para asistir a una charla sobre meditación, -un día
    antes de las recientes inundaciones que asolaron ese país-.  Uno de los rasgos
    distintivos del caos organizado  que nos ingeniábamos en atravesar, eran los
    muchachos y hombres  que colgaban su cuerpo, peligrosamente,  fuera de los
    ómnibus, sosteniéndose con un solo brazo. Vigorosamente,  separaban a los otros
    vehículos que disputaban con ellos,  los preciosos centímetros de espacio en el
    medio del caos. Estas personas no son empleados oficiales, pero brindan un servicio
    con la esperanza  de recibir algunas monedas del conductor, al finalizar el recorrido.
    Como último recurso, -que siempre se da mas frecuentemente entre los pobres-,
    saltaban del ómnibus  y bloqueaban el tráfico  con su propio cuerpo, hasta que el
    ómnibus lograba salir, cruzando y atravesando la línea  del tráfico, pudiendo, de esta
    manera, continuar su camino.   Sin duda, no parece ser este uno de los trabajos mas
    saludables o seguros, ni tampoco tiene mucha perspectiva de futuro como ocupación
    fija, pero posee su propio nivel  específico  de destreza y requiere de una gran
    templanza.

    Unas semanas más tarde, recordé a esos “controladores  del tráfico”, cuando,  
    encontrándome en una gran ciudad occidental, visité una oficina de cambio en el
    interior de  un banco internacional. Ubicados en fila, sentados frente a su
    computadora, se encontraban los operadores de bolsa –todos habiendo cursado un
    master o un doctorado-, que asistían a los tenedores de bienes,  -el tráfico de dinero-,
    a medida que sus mensajes fluían  alrededor del globo. Al igual que los “trabajadores
    de los ómnibus” de Yakarta, estos corredores de bolsa no tenían mucha mas
    seguridad laboral, aunque si ganaban mucho más. El contraste mas grande ente
    estos hermanos y hermanas, de nuestra inquietante y disfuncional familia humana,
    fue algo que me impactó particularmente en esta estación de cuaresma. Tiene que
    ver con el cuerpo, cuyo valor  es particularmente destacado por la espiritualidad de
    esta época del año,  y su focalización  en la preparación de la Pascua  y la
    celebración de la Resurrección, que es el verdadero estilo de vida de un cristiano.

    CARO EST CARDO SALUTIS: EL CUERPO ES EL instrumento DE LA SALVACION
    (TERTULIANO)
    Los trabajadores que utilizan su cuerpo, al igual que los trabajadores sexuales o los
    terroristas suicidas, emplean habitualmente sus propios cuerpos como la última
    cosa que pueden usar  para sobrevivir o, como a los jóvenes terroristas se les ha
    hecho creer, para que puedan sentir que su presencia y su mensaje de paz serán
    escuchados. Para el que está desesperado, el cuerpo es una buena herramienta.  
    Para el pudiente y descansado, -aquellos cuya ansiedad gira alrededor de cómo
    gastar su dinero-, el cuerpo se convierte  en un ornamento o en un mero envoltorio.  
    Esto no es solamente una cuestión de elección egoísta,  como puede parecer.  A
    menudo refleja su severo dolor mental debido  al conflicto que se establece  en
    nuestro interior, debido a las fuerzas condicionantes de nuestra sociedad. Conocí a
    una mujer, no mucho tiempo atrás,  que estaba luchando contra la tentación de
    gastar miles de dólares en un lifting facial que ella sabía interiormente  que no lo
    quería ni necesitaba, porque era, a su manera, muy bella. Su hija, no obstante, había
    tenido una de esas cirugías y la presión ejercida se hacía casi insostenible.  Entre los
    corredores de bolsa sedentarios, trabajando solamente con sus cerebros, estaban
    los adoradores del cuerpo, los miembros del gimnasio luego del trabajo como
    también aquellos cuyos niveles de estrés e infelicidad, se reflejaba en el deterioro de
    sus cuerpos.

    El cuerpo nos cuenta la verdad como nadie mas puede hacerlo.  Nuestra relación con
    el cuerpo –que es en sí misma una expresión problemática-, expresa nuestra
    manera de estar en el mundo y nuestra actitud hacia los demás. Puede no ser más
    que un objeto  que vendemos o explotamos, un signo de desesperación. O puede ser
    una posesión, cuya apariencia y bienestar  nos obsesionan, una razón para vivir
    antes que un medio de vida. Puede ser un puente, una forma de entremezclar nuestra
    identidad con la de los demás. O puede ser un castillo donde levantamos el puente y
    mantenemos a nuestros enemigos a distancia.  Puede ser físico o convertirse en un
    puro concepto, algo sagrado o un fetiche.

    El cuidado de nuestra alma y la totalidad de nuestro desarrollo humano depende del
    cuidado y,  cuando es necesario, de la cura del cuerpo. Esta es la sabiduría universal
    de las tradiciones espirituales y el significado del ascetismo. La Cuaresma o el
    Ramadan  no tienen por que ser tiempos de sufrimiento. La vida trae sufrimiento sin
    que nosotros tengamos que inducirlo. El dolor, la desilusión y la pérdida pueden
    acercarnos a la verdad y a la liberación,  pero también pueden hacerlo el placer, el
    gozo y la plenitud. Como dice Simone Weil, tanto el sufrimiento  como el gozo son
    mensajeros. Sentimos y conocemos a través, con y en el cuerpo. Cada preposición
    se aplica al cuerpo y otorga un significado sustantivo al pensamiento.

    Espiritualmente, el cuerpo es un instrumento para elevar la conciencia y desarrollar
    nuestra participación en la gran danza del universo. La Nube de lo Desconocido  
    expresa la saludable actitud  de la fe cristiana  en relación al cuerpo cuando nos dice:
    “por el amor de Dios eviten la enfermedad tanto como sea posible” y luego agrega
    que “este trabajo (de meditación) demanda una disposición del cuerpo y del espíritu
    relajada, saludable y vigorosa.  Por el amor de Dios, disciplínate a ti mismo en cuerpo
    y espíritu  de manera que preserves tu salud tanto como puedas” (Cap. 41). En el
    siguiente capítulo, La Nube…..habla de uno de los temas perennes del camino
    espiritual –como alcanzamos la moderación  en todo sin ser demasiado egocéntricos
    al tratar de hacerlo-. Su explicación refleja el tono de la corriente principal de la
    tradición mística. Estén satisfechos con lo que venga. Y eleven sus corazones en un
    ciego amor.

    La verdadera oración comienza cuando ya  no somos más conscientes que estamos
    rezando (Isaac de Nínive).
    La cuaresma es tradicionalmente un tiempo de oración, ayuno y acción de gracias.
    Pero, ¿no abandonamos todo esto luego del domingo de Pascua? San Benito nos dice
    que la vida monástica –el monje es simplemente un cristiano típico- es una continua
    Cuaresma. Contrariamente, nosotros vivimos toda nuestra vida con un sentido de
    expectativa. Aún cuando nuestros deseos sean satisfechos o nuestras metas
    alcanzadas, no sentimos que hemos llegado a nuestro destino final.  Ser conscientes
    en el cuerpo significa  ser conscientes que todo es una transición. Es la mente de la
    “ciudad que no habitamos” que describe San Pablo y es el vacío (sunnyata)  del
    Budismo.

    Vivir con esta perspectiva en cuanto a la impermanencia y al mismo tiempo estar
    conformes con lo que tenemos y aceptar  quienes somos, es un acto de equilibrio
    que tenemos que aprender a practicar  cada vez mejor cada día. La Cuaresma no
    tendría sentido, sería simplemente un tiempo de auto fijación,  no mucho mas que
    una gimnasia espiritual con espejos,, si no tuviera relación con la Pascua. La
    disciplina sin celebración pierde completamente el objetivo.  No obstante son
    estaciones diferentes de año y, si el año litúrgico simboliza  lo que abarca una vida
    humana,  también es   una metáfora para los diferentes niveles que transitamos  
    durante la jornada humana.  La Cuaresma expresa  la necesidad que siempre
    tenemos de clarificación, simplificación y continua recalificación.  Solo en el reino
    conceptual podemos llegar a imaginar estados fijos e inamovibles.  Permanecer en
    ese  cyber reino es desastroso para la causa de la plenitud y la felicidad humanas.  
    En una conciencia integrada  vivimos con el hilo   y el flujo,  los ritmos de la existencia
    que nos pueden hacer conscientes de una quietud y estabilidad más profundas,  pero
    sin pretender creer que somos extra terrestres.  La Cuaresma nos recuerda  la
    humildad, la realidad terrenal  de afinar los instrumentos musicales  del cuerpo y de
    la mente. Nos habla de la necesidad de auto control  como medio para la felicidad,
    para liberarnos del egoísmo  que nos divide y para elevar nuestra capacidad de gozo.
    En la Cuaresma diaria de la vida, aprendemos la sabiduría de la moderación  de la que
    depende  nuestra propia felicidad  y la sobre vivencia de nuestra especie.

    La Pascua es un tiempo de gloria. Toda buena celebración necesita un tiempo de
    preparación –para una fiesta o un festejo o un lunch. La preparación en sí misma
    será disfrutada si tenemos un sentido de que lo que estamos celebrando es  
    necesario y bueno. En realidad, prepararse se transforma en una forma de
    celebración en sí misma. En donde, en realidad, ¿termina una y comienza la otra? Es
    por eso que las Escrituras no describen el momento real de la Resurrección. Los
    discípulos tuvieron una noticia anticipada  pero fracasaron en comprenderla. Por lo
    tanto, estaban presos del temor y la tristeza. Para el momento en que fueron
    conscientes de la presencia de Jesús por sobre y más allá de la línea de la muerte, la
    Resurrección ya había ocurrido. Estaba en ellos y ellos estaban en ella.

    Al igual que en la meditación, por lo menos cuando no nos estamos  observando
    cuando rezamos, la experiencia de la Pascua se escabulle de la congestión mental
    habitual causada por el tráfico conflictivo del pasado y del futuro. La Pascua es una
    experiencia de estar en el presente, enchufados en una luz inmerecida e inesperada.  
    La Gracia se experimenta como un puro agradecimiento por estar vivos. Nos inunda
    desde una profundidad dentro de nosotros mismos, no observable,  pero su fluir
    borra los límites que imaginamos entre lo exterior y lo interior.

    Lo que acostumbramos a llamar “oración” es solo una parte de ella (Orígenes)
    El cuerpo no se pierde en la experiencia de la Reurrección que nos eleva por encima
    y más allá de todos los círculos de muerte y renacimiento. Ya sea que creamos o no
    en estos círculos que continúan después de la muerte, son claramente visibles en la
    experiencia del perder y del encontrar,  que conforman el significado espiritual de la
    vida. La  conciencia física –que es realmente lo que entendemos como el cuerpo,  
    como todo lo demás, es una forma de energía consciente- es un criterio sólido  para
    la salud y la sanidad humana. De la misma manera que ayuda a mantener el
    equilibrio, el auto control, la espontaneidad, el gozo y la compasión, el cuerpo también
    las hace visibles. Las historias de la Resurrección de los Evangelios pueden parecer
    extrañas aunque,  no obstante, son  muy claras y familiares debido a la luz sin
    sombra en donde tienen lugar.

    Durante la noche, luego de mi experiencia en el enjambre de tráfico de Yakarta, la
    ciudad fue asolada por una de las peores inundaciones de las que se tiene memoria.
    Mientras nos encontrábamos en camino a la universidad católica para dar una
    charla, tuvimos que tomar muchos desvíos mientras vagábamos y estábamos
    preocupados por nuestro vuelo de la tarde. Estas fueron pequeñas preocupaciones
    en comparación con el desastre que había golpeado  a los pobres. Mientras
    circulábamos por la ciudad,  pudimos ver de qué manera el agua había devastado a
    las áreas más pobres. Casas, mercados y negocios quedaron completamente
    arruinados. Eventualmente el agua podría retroceder pero, como señaló Hendra,
    nuestro coordinador nacional con quien yo estaba viajando,  eso sería simplemente el
    comienzo de la enfermedad y epidemias que traerían mayor y prolongado sufrimiento.

    Hendra es un joven médico que trabaja particularmente con el alivio y la prevención
    del SIDA en toda Indonesia. Desde que comenzó a meditar algunos años atrás,
    cuando llegó a un grupo de meditadores en Bangkok durante una conferencia,  ha
    estado compartiendo el don de la enseñanza cuando viaja por todo el país.  Debido a
    su trabajo, probablemente exista una mayor proporción de médicos meditadores en
    Indonesia que en ningún otro lugar del mundo! Pero la meditación ha entrado en la
    vida de la iglesia en todos los niveles. En Madang,  mi charla fue auspiciada por la
    Adoration Society y y visite y oré con ellos  en un hermoso centro  dedicado a esta
    forma de oración.  Me pidieron que describiera  de que manera la adoración de la
    presencia de Cristo en la Eucaristía, está relacionada a la meditación y a la presencia
    de la oración de Cristo en el corazón. Traté de hacerlo lo mejor que pude con
    palabras,  pero la verdadera explicación llegó con el silencio que compartimos
    durante la meditación, un momento mas tarde ese mismo día.

    No existen, de acuerdo a John Main, formas de oración, solo la oración. Esto tiene
    sentido –a pesar de la obvia diversidad  en cuanto a las formas que rezamos-, cuando
    el efecto de la oración se manifiesta a sí mismo. Su efecto es la simplicidad, la
    pureza de corazón y la unicidad de visión  que transforma todo lo que cae bajo su
    atención.  Si la presencia es verdaderamente sentida en nuestros corazones, el
    verdadero centro de la conciencia, entonces penetrará todo.  Para aquellos que están
    unidos a Cristo, hay una nueva creación, como dice San Pablo.  En esta experiencia,
    las viejas dualidades desaparecen.  La oración ya no está restringida  a la ocupación
    consciente  o a la obligación de observarnos cumplimentando el objetivo.  La oración
    también ocurre a través de nosotros. La vida se expande más allá de todas las
    limitaciones a medida que somos conscientes de cómo somos rezados.

    La compasión – el poder de experimentar con y en lo que los demás están
    atravesando-, realmente se convierte, -a diferencia de la simple caridad-,  en una
    forma más significativa de comprender la vida de  nuestra familia humana.  Si todos
    estuviéramos fortalecidos  con compasión, no habría necesidad de lo que hoy
    llamamos “filantropía” y caridad organizada, o recolección de fondos, o la lucha para
    alcanzar programas de ayuda, o el desafiar a los gobiernos a que aumenten su
    presupuesto para ayuda solitaria, ni tampoco serían necesarias las instituciones de
    caridad que muchas veces deben colaborar con las mismas fuerzas de la injusticia
    que las hacen necesarias. Hasta que llegue ese día feliz, por supuesto, todo esto es
    necesario. Pero un cambio estructural más profundo, un cambio verdadero que dure,
    se hace consciente a través de la conciencia contemplativa, no solo a través de
    trabajos corporales caritativos: a través de la contemplación de Marta y de la acción
    de María. Para servir a todos debemos llegar a ser nada.

    Siempre tendremos a los pobres con nosotros, nos advierte Jesús.  Pero reducir el
    grado y la inhumanidad de la pobreza  forma también parte de su filosa interpelación –
    la expresión física del Reino que no pertenece a este mundo. La oración no cesa
    cuando nos levantamos y vamos a trabajar.

    Si quieres rezar necesitas de Dios que le otorga la oración a aquel que ora (Evagrius)
    Desde la infancia, el momento en que comienza la conciencia, sufrimos ansiedades
    de inseguridad. Tendrá el niño suficiente “parte de la torta” o la suficiente atención
    maternal? Que ocurriría si….? Entonces, construimos hábitos  y hogares para
    reforzar los modelos que siempre son más tenues de lo que nos gusta admitir. La
    necesidad de seguridad se extiende del nivel físico al nivel mental; igualmente, a
    través de la operación del ego funcionando en la jerarquía, fortaleciendo formas
    correctas de pensamiento, creencias y políticas de conformidad social. A menudo,  
    mucho más de lo que llamamos el reino secular, la religión  puede crear sustitutos de
    Dios. Es más el profeta antes que el sacerdote lo que nos recuerda esto.

    En la oración, no obstante, rompemos el anillo de seguridad y entramos en la libertad
    de los hijos de Dios, libres para ser nosotros mismos. Esta propia libertad que
    pensamos que queremos, puede también transformarse en una fuente de ansiedad.
    Después de todo, hay seguridad por todas partes y cierto grado de predictibilidad en
    las rutinas.  Nuevamente, debemos equilibrar el acto de la vida como un camino
    espiritual. Como sabía prudentemente San Benito, debemos hacer tanto  los votos de
    nuestra conversión como de nuestra estabilidad.

    La oración es el centro cada vez mas profundo de gravedad espiritual, el pivote del
    equilibrio humano. En la próxima era del mundo, la oración será el campo más
    importante de investigación y desarrollo. Ignorarlo es como negar la evidencia del
    calentamiento global, sosteniendo una duda de algo que honestamente no podemos
    dejar de aceptar. Es la práctica del momento presente, y por lo tanto nos otorga
    sanidad, una correcta relación con el pasado y el futuro. La esperanza de salvación
    del mundo, de acuerdo al Libro de la Sabiduría, es el mayor número de hombres
    sabios posibles.

    Comprender la naturaleza de la oración y practicarla es la responsabilidad de la
    religión en nombre de toda la humanidad. Está arraigada  en la actitud no-dual hacia
    el cuerpo, en donde el cuerpo es tratado,   ni como objeto ni como concepto, sino
    como un instrumento de belleza  y maravilla que media en el significado tanto del
    gozo como del sufrimiento.  Mucho del interés que tiene la gente  por la espiritualidad
    hoy en día,  refleja un desequilibrio  en las actitudes cristianas hacia el cuerpo que
    han evolucionado debido a ciertas ideas  y temores relacionados con la sexualidad.  
    Al profundizar la experiencia de la oración, que nos conduce de la mente al corazón,  
    podremos corregir estos profundos desequilibrios. Si vemos la lucha histórica de la
    fe cristiana y su confrontación  con las fuerzas oscuras del paganismo, es más fácil
    comprender de que manera ocurrió este desequilibrio. Es ilusorio pretender que
    estas fuerzas oscuras no existan –esas formas tempranas de religión eran todas
    idílicas- o que no se infiltren por momentos aún en aquellos que se oponen. Son
    percibidas por sobre todo como fuerzas de temor controlando el comportamiento en
    el contenido del inconsciente,  obsesionando la imaginación.

    El Evangelio trajo un mensaje de esperanza al afirmar un Dios que no castiga, que
    asegura la gracia y que trae un mensaje que sostiene la trascendencia de todas las
    fuerzas kármicas,  por el amor.  Pero tuvo que –y aún lo hace-, confrontar una
    idolatría que mantiene al alma humana en un estado de división  y fragmentación
    sujeta a los antojos de muchos dioses.  Si la religión trata de ir más allá de la
    idolatría,  se arriesga a impulsar a las personas a los extremos de un espectro que
    va del ritualismo mágico a la fría ideología.  El agrio conflicto  entro los llamados
    conservadores y progresistas, refleja muy bien este aspecto en nuestra época.  Los
    dioses todavía están dando vueltas, nombres de marca y celebridades, y los temores
    y paranoia colectiva  a los que parecemos estar adictos.  La enseñanza de la
    tradición mística  a los adultos  y la enseñanza de la oración contemplativa a los
    niños  se hacen cada vez más indispensables  en estos momentos de convulsión
    religiosa, como la propia. La religión que no responda a esta necesidad de
    profundización espiritual, se arriesga a colapsar en formas que promuevan las
    propias fuerzas que pretende vencer.

    Todo y nada (San Juan de la Cruz)
    La meditación nos conduce más allá de la dualidad, de la división, y de la
    fragmentación que tenemos en cuanto a nuestra idea de divinidad;  hacia la
    experiencia sanadora del único Dios. Gradualmente, el creciente efecto de la
    contemplación purifica el corazón permitiendo la visión de Dios. El “único ojo” del
    cual habla Jesús, se desarrolla a través de  la unificación de nuestra conciencia. La
    duplicidad de visión se mezcla en una mayor coincidencia de opuestos.