Traducido por Magdalena Pueba, Coordinadora de Argentina
Se me dijo que Indonesia es uno de los lugares mas poblados de la tierra. Y la estadística se hizo más real, a medida que circulábamos ese día atravesando el tráfico vespertino de Yakarta, para asistir a una charla sobre meditación, -un día antes de las recientes inundaciones que asolaron ese país-. Uno de los rasgos distintivos del caos organizado que nos ingeniábamos en atravesar, eran los muchachos y hombres que colgaban su cuerpo, peligrosamente, fuera de los ómnibus, sosteniéndose con un solo brazo. Vigorosamente, separaban a los otros vehículos que disputaban con ellos, los preciosos centímetros de espacio en el medio del caos. Estas personas no son empleados oficiales, pero brindan un servicio con la esperanza de recibir algunas monedas del conductor, al finalizar el recorrido. Como último recurso, -que siempre se da mas frecuentemente entre los pobres-, saltaban del ómnibus y bloqueaban el tráfico con su propio cuerpo, hasta que el ómnibus lograba salir, cruzando y atravesando la línea del tráfico, pudiendo, de esta manera, continuar su camino. Sin duda, no parece ser este uno de los trabajos mas saludables o seguros, ni tampoco tiene mucha perspectiva de futuro como ocupación fija, pero posee su propio nivel específico de destreza y requiere de una gran templanza. Unas semanas más tarde, recordé a esos “controladores del tráfico”, cuando, encontrándome en una gran ciudad occidental, visité una oficina de cambio en el interior de un banco internacional. Ubicados en fila, sentados frente a su computadora, se encontraban los operadores de bolsa –todos habiendo cursado un master o un doctorado-, que asistían a los tenedores de bienes, -el tráfico de dinero-, a medida que sus mensajes fluían alrededor del globo. Al igual que los “trabajadores de los ómnibus” de Yakarta, estos corredores de bolsa no tenían mucha mas seguridad laboral, aunque si ganaban mucho más. El contraste mas grande ente estos hermanos y hermanas, de nuestra inquietante y disfuncional familia humana, fue algo que me impactó particularmente en esta estación de cuaresma. Tiene que ver con el cuerpo, cuyo valor es particularmente destacado por la espiritualidad de esta época del año, y su focalización en la preparación de la Pascua y la celebración de la Resurrección, que es el verdadero estilo de vida de un cristiano. CARO EST CARDO SALUTIS: EL CUERPO ES EL instrumento DE LA SALVACION (TERTULIANO) Los trabajadores que utilizan su cuerpo, al igual que los trabajadores sexuales o los terroristas suicidas, emplean habitualmente sus propios cuerpos como la última cosa que pueden usar para sobrevivir o, como a los jóvenes terroristas se les ha hecho creer, para que puedan sentir que su presencia y su mensaje de paz serán escuchados. Para el que está desesperado, el cuerpo es una buena herramienta. Para el pudiente y descansado, -aquellos cuya ansiedad gira alrededor de cómo gastar su dinero-, el cuerpo se convierte en un ornamento o en un mero envoltorio. Esto no es solamente una cuestión de elección egoísta, como puede parecer. A menudo refleja su severo dolor mental debido al conflicto que se establece en nuestro interior, debido a las fuerzas condicionantes de nuestra sociedad. Conocí a una mujer, no mucho tiempo atrás, que estaba luchando contra la tentación de gastar miles de dólares en un lifting facial que ella sabía interiormente que no lo quería ni necesitaba, porque era, a su manera, muy bella. Su hija, no obstante, había tenido una de esas cirugías y la presión ejercida se hacía casi insostenible. Entre los corredores de bolsa sedentarios, trabajando solamente con sus cerebros, estaban los adoradores del cuerpo, los miembros del gimnasio luego del trabajo como también aquellos cuyos niveles de estrés e infelicidad, se reflejaba en el deterioro de sus cuerpos. El cuerpo nos cuenta la verdad como nadie mas puede hacerlo. Nuestra relación con el cuerpo –que es en sí misma una expresión problemática-, expresa nuestra manera de estar en el mundo y nuestra actitud hacia los demás. Puede no ser más que un objeto que vendemos o explotamos, un signo de desesperación. O puede ser una posesión, cuya apariencia y bienestar nos obsesionan, una razón para vivir antes que un medio de vida. Puede ser un puente, una forma de entremezclar nuestra identidad con la de los demás. O puede ser un castillo donde levantamos el puente y mantenemos a nuestros enemigos a distancia. Puede ser físico o convertirse en un puro concepto, algo sagrado o un fetiche. El cuidado de nuestra alma y la totalidad de nuestro desarrollo humano depende del cuidado y, cuando es necesario, de la cura del cuerpo. Esta es la sabiduría universal de las tradiciones espirituales y el significado del ascetismo. La Cuaresma o el Ramadan no tienen por que ser tiempos de sufrimiento. La vida trae sufrimiento sin que nosotros tengamos que inducirlo. El dolor, la desilusión y la pérdida pueden acercarnos a la verdad y a la liberación, pero también pueden hacerlo el placer, el gozo y la plenitud. Como dice Simone Weil, tanto el sufrimiento como el gozo son mensajeros. Sentimos y conocemos a través, con y en el cuerpo. Cada preposición se aplica al cuerpo y otorga un significado sustantivo al pensamiento. Espiritualmente, el cuerpo es un instrumento para elevar la conciencia y desarrollar nuestra participación en la gran danza del universo. La Nube de lo Desconocido expresa la saludable actitud de la fe cristiana en relación al cuerpo cuando nos dice: “por el amor de Dios eviten la enfermedad tanto como sea posible” y luego agrega que “este trabajo (de meditación) demanda una disposición del cuerpo y del espíritu relajada, saludable y vigorosa. Por el amor de Dios, disciplínate a ti mismo en cuerpo y espíritu de manera que preserves tu salud tanto como puedas” (Cap. 41). En el siguiente capítulo, La Nube…..habla de uno de los temas perennes del camino espiritual –como alcanzamos la moderación en todo sin ser demasiado egocéntricos al tratar de hacerlo-. Su explicación refleja el tono de la corriente principal de la tradición mística. Estén satisfechos con lo que venga. Y eleven sus corazones en un ciego amor. La verdadera oración comienza cuando ya no somos más conscientes que estamos rezando (Isaac de Nínive). La cuaresma es tradicionalmente un tiempo de oración, ayuno y acción de gracias. Pero, ¿no abandonamos todo esto luego del domingo de Pascua? San Benito nos dice que la vida monástica –el monje es simplemente un cristiano típico- es una continua Cuaresma. Contrariamente, nosotros vivimos toda nuestra vida con un sentido de expectativa. Aún cuando nuestros deseos sean satisfechos o nuestras metas alcanzadas, no sentimos que hemos llegado a nuestro destino final. Ser conscientes en el cuerpo significa ser conscientes que todo es una transición. Es la mente de la “ciudad que no habitamos” que describe San Pablo y es el vacío (sunnyata) del Budismo. Vivir con esta perspectiva en cuanto a la impermanencia y al mismo tiempo estar conformes con lo que tenemos y aceptar quienes somos, es un acto de equilibrio que tenemos que aprender a practicar cada vez mejor cada día. La Cuaresma no tendría sentido, sería simplemente un tiempo de auto fijación, no mucho mas que una gimnasia espiritual con espejos,, si no tuviera relación con la Pascua. La disciplina sin celebración pierde completamente el objetivo. No obstante son estaciones diferentes de año y, si el año litúrgico simboliza lo que abarca una vida humana, también es una metáfora para los diferentes niveles que transitamos durante la jornada humana. La Cuaresma expresa la necesidad que siempre tenemos de clarificación, simplificación y continua recalificación. Solo en el reino conceptual podemos llegar a imaginar estados fijos e inamovibles. Permanecer en ese cyber reino es desastroso para la causa de la plenitud y la felicidad humanas. En una conciencia integrada vivimos con el hilo y el flujo, los ritmos de la existencia que nos pueden hacer conscientes de una quietud y estabilidad más profundas, pero sin pretender creer que somos extra terrestres. La Cuaresma nos recuerda la humildad, la realidad terrenal de afinar los instrumentos musicales del cuerpo y de la mente. Nos habla de la necesidad de auto control como medio para la felicidad, para liberarnos del egoísmo que nos divide y para elevar nuestra capacidad de gozo. En la Cuaresma diaria de la vida, aprendemos la sabiduría de la moderación de la que depende nuestra propia felicidad y la sobre vivencia de nuestra especie. La Pascua es un tiempo de gloria. Toda buena celebración necesita un tiempo de preparación –para una fiesta o un festejo o un lunch. La preparación en sí misma será disfrutada si tenemos un sentido de que lo que estamos celebrando es necesario y bueno. En realidad, prepararse se transforma en una forma de celebración en sí misma. En donde, en realidad, ¿termina una y comienza la otra? Es por eso que las Escrituras no describen el momento real de la Resurrección. Los discípulos tuvieron una noticia anticipada pero fracasaron en comprenderla. Por lo tanto, estaban presos del temor y la tristeza. Para el momento en que fueron conscientes de la presencia de Jesús por sobre y más allá de la línea de la muerte, la Resurrección ya había ocurrido. Estaba en ellos y ellos estaban en ella. Al igual que en la meditación, por lo menos cuando no nos estamos observando cuando rezamos, la experiencia de la Pascua se escabulle de la congestión mental habitual causada por el tráfico conflictivo del pasado y del futuro. La Pascua es una experiencia de estar en el presente, enchufados en una luz inmerecida e inesperada. La Gracia se experimenta como un puro agradecimiento por estar vivos. Nos inunda desde una profundidad dentro de nosotros mismos, no observable, pero su fluir borra los límites que imaginamos entre lo exterior y lo interior. Lo que acostumbramos a llamar “oración” es solo una parte de ella (Orígenes) El cuerpo no se pierde en la experiencia de la Reurrección que nos eleva por encima y más allá de todos los círculos de muerte y renacimiento. Ya sea que creamos o no en estos círculos que continúan después de la muerte, son claramente visibles en la experiencia del perder y del encontrar, que conforman el significado espiritual de la vida. La conciencia física –que es realmente lo que entendemos como el cuerpo, como todo lo demás, es una forma de energía consciente- es un criterio sólido para la salud y la sanidad humana. De la misma manera que ayuda a mantener el equilibrio, el auto control, la espontaneidad, el gozo y la compasión, el cuerpo también las hace visibles. Las historias de la Resurrección de los Evangelios pueden parecer extrañas aunque, no obstante, son muy claras y familiares debido a la luz sin sombra en donde tienen lugar. Durante la noche, luego de mi experiencia en el enjambre de tráfico de Yakarta, la ciudad fue asolada por una de las peores inundaciones de las que se tiene memoria. Mientras nos encontrábamos en camino a la universidad católica para dar una charla, tuvimos que tomar muchos desvíos mientras vagábamos y estábamos preocupados por nuestro vuelo de la tarde. Estas fueron pequeñas preocupaciones en comparación con el desastre que había golpeado a los pobres. Mientras circulábamos por la ciudad, pudimos ver de qué manera el agua había devastado a las áreas más pobres. Casas, mercados y negocios quedaron completamente arruinados. Eventualmente el agua podría retroceder pero, como señaló Hendra, nuestro coordinador nacional con quien yo estaba viajando, eso sería simplemente el comienzo de la enfermedad y epidemias que traerían mayor y prolongado sufrimiento. Hendra es un joven médico que trabaja particularmente con el alivio y la prevención del SIDA en toda Indonesia. Desde que comenzó a meditar algunos años atrás, cuando llegó a un grupo de meditadores en Bangkok durante una conferencia, ha estado compartiendo el don de la enseñanza cuando viaja por todo el país. Debido a su trabajo, probablemente exista una mayor proporción de médicos meditadores en Indonesia que en ningún otro lugar del mundo! Pero la meditación ha entrado en la vida de la iglesia en todos los niveles. En Madang, mi charla fue auspiciada por la Adoration Society y y visite y oré con ellos en un hermoso centro dedicado a esta forma de oración. Me pidieron que describiera de que manera la adoración de la presencia de Cristo en la Eucaristía, está relacionada a la meditación y a la presencia de la oración de Cristo en el corazón. Traté de hacerlo lo mejor que pude con palabras, pero la verdadera explicación llegó con el silencio que compartimos durante la meditación, un momento mas tarde ese mismo día. No existen, de acuerdo a John Main, formas de oración, solo la oración. Esto tiene sentido –a pesar de la obvia diversidad en cuanto a las formas que rezamos-, cuando el efecto de la oración se manifiesta a sí mismo. Su efecto es la simplicidad, la pureza de corazón y la unicidad de visión que transforma todo lo que cae bajo su atención. Si la presencia es verdaderamente sentida en nuestros corazones, el verdadero centro de la conciencia, entonces penetrará todo. Para aquellos que están unidos a Cristo, hay una nueva creación, como dice San Pablo. En esta experiencia, las viejas dualidades desaparecen. La oración ya no está restringida a la ocupación consciente o a la obligación de observarnos cumplimentando el objetivo. La oración también ocurre a través de nosotros. La vida se expande más allá de todas las limitaciones a medida que somos conscientes de cómo somos rezados. La compasión – el poder de experimentar con y en lo que los demás están atravesando-, realmente se convierte, -a diferencia de la simple caridad-, en una forma más significativa de comprender la vida de nuestra familia humana. Si todos estuviéramos fortalecidos con compasión, no habría necesidad de lo que hoy llamamos “filantropía” y caridad organizada, o recolección de fondos, o la lucha para alcanzar programas de ayuda, o el desafiar a los gobiernos a que aumenten su presupuesto para ayuda solitaria, ni tampoco serían necesarias las instituciones de caridad que muchas veces deben colaborar con las mismas fuerzas de la injusticia que las hacen necesarias. Hasta que llegue ese día feliz, por supuesto, todo esto es necesario. Pero un cambio estructural más profundo, un cambio verdadero que dure, se hace consciente a través de la conciencia contemplativa, no solo a través de trabajos corporales caritativos: a través de la contemplación de Marta y de la acción de María. Para servir a todos debemos llegar a ser nada. Siempre tendremos a los pobres con nosotros, nos advierte Jesús. Pero reducir el grado y la inhumanidad de la pobreza forma también parte de su filosa interpelación – la expresión física del Reino que no pertenece a este mundo. La oración no cesa cuando nos levantamos y vamos a trabajar. Si quieres rezar necesitas de Dios que le otorga la oración a aquel que ora (Evagrius) Desde la infancia, el momento en que comienza la conciencia, sufrimos ansiedades de inseguridad. Tendrá el niño suficiente “parte de la torta” o la suficiente atención maternal? Que ocurriría si….? Entonces, construimos hábitos y hogares para reforzar los modelos que siempre son más tenues de lo que nos gusta admitir. La necesidad de seguridad se extiende del nivel físico al nivel mental; igualmente, a través de la operación del ego funcionando en la jerarquía, fortaleciendo formas correctas de pensamiento, creencias y políticas de conformidad social. A menudo, mucho más de lo que llamamos el reino secular, la religión puede crear sustitutos de Dios. Es más el profeta antes que el sacerdote lo que nos recuerda esto. En la oración, no obstante, rompemos el anillo de seguridad y entramos en la libertad de los hijos de Dios, libres para ser nosotros mismos. Esta propia libertad que pensamos que queremos, puede también transformarse en una fuente de ansiedad. Después de todo, hay seguridad por todas partes y cierto grado de predictibilidad en las rutinas. Nuevamente, debemos equilibrar el acto de la vida como un camino espiritual. Como sabía prudentemente San Benito, debemos hacer tanto los votos de nuestra conversión como de nuestra estabilidad. La oración es el centro cada vez mas profundo de gravedad espiritual, el pivote del equilibrio humano. En la próxima era del mundo, la oración será el campo más importante de investigación y desarrollo. Ignorarlo es como negar la evidencia del calentamiento global, sosteniendo una duda de algo que honestamente no podemos dejar de aceptar. Es la práctica del momento presente, y por lo tanto nos otorga sanidad, una correcta relación con el pasado y el futuro. La esperanza de salvación del mundo, de acuerdo al Libro de la Sabiduría, es el mayor número de hombres sabios posibles. Comprender la naturaleza de la oración y practicarla es la responsabilidad de la religión en nombre de toda la humanidad. Está arraigada en la actitud no-dual hacia el cuerpo, en donde el cuerpo es tratado, ni como objeto ni como concepto, sino como un instrumento de belleza y maravilla que media en el significado tanto del gozo como del sufrimiento. Mucho del interés que tiene la gente por la espiritualidad hoy en día, refleja un desequilibrio en las actitudes cristianas hacia el cuerpo que han evolucionado debido a ciertas ideas y temores relacionados con la sexualidad. Al profundizar la experiencia de la oración, que nos conduce de la mente al corazón, podremos corregir estos profundos desequilibrios. Si vemos la lucha histórica de la fe cristiana y su confrontación con las fuerzas oscuras del paganismo, es más fácil comprender de que manera ocurrió este desequilibrio. Es ilusorio pretender que estas fuerzas oscuras no existan –esas formas tempranas de religión eran todas idílicas- o que no se infiltren por momentos aún en aquellos que se oponen. Son percibidas por sobre todo como fuerzas de temor controlando el comportamiento en el contenido del inconsciente, obsesionando la imaginación. El Evangelio trajo un mensaje de esperanza al afirmar un Dios que no castiga, que asegura la gracia y que trae un mensaje que sostiene la trascendencia de todas las fuerzas kármicas, por el amor. Pero tuvo que –y aún lo hace-, confrontar una idolatría que mantiene al alma humana en un estado de división y fragmentación sujeta a los antojos de muchos dioses. Si la religión trata de ir más allá de la idolatría, se arriesga a impulsar a las personas a los extremos de un espectro que va del ritualismo mágico a la fría ideología. El agrio conflicto entro los llamados conservadores y progresistas, refleja muy bien este aspecto en nuestra época. Los dioses todavía están dando vueltas, nombres de marca y celebridades, y los temores y paranoia colectiva a los que parecemos estar adictos. La enseñanza de la tradición mística a los adultos y la enseñanza de la oración contemplativa a los niños se hacen cada vez más indispensables en estos momentos de convulsión religiosa, como la propia. La religión que no responda a esta necesidad de profundización espiritual, se arriesga a colapsar en formas que promuevan las propias fuerzas que pretende vencer. Todo y nada (San Juan de la Cruz) La meditación nos conduce más allá de la dualidad, de la división, y de la fragmentación que tenemos en cuanto a nuestra idea de divinidad; hacia la experiencia sanadora del único Dios. Gradualmente, el creciente efecto de la contemplación purifica el corazón permitiendo la visión de Dios. El “único ojo” del cual habla Jesús, se desarrolla a través de la unificación de nuestra conciencia. La duplicidad de visión se mezcla en una mayor coincidencia de opuestos.