LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Del Fracaso a los Frutos
    Cuando se despierta este segundo nivel de conciencia – y continuamente se está
    despertando – nos permite ver los verdaderos frutos de la meditación. Verás, los
    frutos de la meditación son en realidad los frutos de la conciencia que crecen
    rápidamente. Sencillamente te vuelves más conciente, más vivo, más despierto y por
    lo tanto más compasivo y menos rápido para ofenderte o guardar rencores. Y es
    perfectamente natural que así sea.

    Lo maravilloso de la meditación para los cristianos es que no tienes que intentar más
    ser bueno. Si te descubres guardando rencores o siendo egoísta, pienso que
    deberías tratar de controlarte, pero ese es uno de los frutos de la meditación. No
    tienes que tratar de ser bueno. Simplemente creces en la conciencia de que eres
    bueno porque Dios es bueno y todo lo que existe alrededor tuyo es bueno. Cualquier
    cosa que no sea buena es le resultado de un estado de falta de conciencia, y esos
    resultados pueden ser terribles, pero son los resultado de la falta de conciencia.

    El segundo nivel de atención es entonces un fruto de la meditación que crece. En el
    mismo momento en que te sientas a meditar obtienes este fruto porque la primera
    cosa de la que te vas a dar cuenta es que estoy distraído, dejé de decir el mantra otra
    vez. En tu primera meditación te diste cuenta de eso, entonces el fruto comenzó a
    aparecer en tu primera meditación. Y este árbol del conocimiento del bien y del mal,
    esta verdad de la vida bajo la que estás sentado cuando meditas está dando frutos
    continuamente en la celestial ciudad de Jerusalén en le Libro de las Revelaciones.
    Estos frutos no son simplemente frutos de temporada, están naciendo
    continuamente.

    En el primer nivel de atención donde estás tratando de prestar atención y fallas y tal
    vez te sientes  mal por fallar, en ese nivel de atención, no ves los frutos No ves los
    frutos para nada. Sólo verás tu fracaso o tus esfuerzos por ser bueno, tu esfuerzo por
    ser santo, tu esfuerzo por ser un buen meditador, tu esfuerzo por se un buen
    cristiano. Pero con la segunda ola, el segundo grado de atención, te darás cuenta de
    tus frutos en la humildad porque tendrás la experiencia del fracaso y la habrás
    superado. No continuarás dando vueltas persistentemente alrededor de este
    sentimiento de fracaso porque el segundo grado de atención ya habrá empezado a
    llevarte hacia el próximo paso, decir el mantra. Te haces conciente de los frutos de la
    meditación en una experiencia de humildad, de auto conocimiento.

    Por cierto, uno de los verdaderos frutos de la meditación es el auto conocimiento que
    es el término contemporáneo para el tradicional término humildad. No serás como el
    pseudo meditador, descrito en La Nube del No Saber, que anda por ahí tratando de
    parecer santo, tratando de parecer místico, tratando de hacer ver a los demás que
    has tenido estas grandes experiencias místicas, y has estado dando frutos tan
    maravillosos. No tendrás que ser ese tipo de persona, gracias a Dios – el pseudo
    contemplativo, como lo llama La Nube – porque poseerás auto conocimiento. Es por
    eso que los Padres del Desierto decían que el auto conocimiento es un don mayor
    que la ha habilidad de hacer milagros. El auto conocimiento es en realidad, nuestra
    base par el conocimiento de Dios. No podemos conocer a Dios si no nos conocemos
    a nosotros mismos y esto va creciendo inmediatamente a partir del fracaso de
    nuestro primer intento de meditar, de decir el mantra, de prestar atención

    Eso falla cuando nos damos cuenta que hemos fallado. El segundo nivel de atención
    se despierta y aprendemos a vivir en él. Aprendemos a vivir sobre esa ola. Surfeamos
    esa ola más y más continuamente, sin el esfuerzo que falló en le primer intento
    porque ya no lo intentamos más. No debemos intentarlo más porque sabemos que si
    fallamos, la segunda ola de atención vendrá a levantarnos. Y así aprendemos a vivir,
    vivimos cada vez más y más continuamente en esa segunda ola de atención que es la
    vida contemplativa. Por eso tu vida cambia cuando meditas. Comienzas a ver los
    frutos como están descritos por San Pablo en su carta a los Gálatas: La cosecha del
    espíritu – el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la
    dulzura y el auto control - se manifiestan en tu vida, y los ves sin el menor rastro de
    vanidad, sin el menor rastro de orgullo ya que no se te ocurriría estar orgulloso por
    dar estos frutos. Porque sabes que están surgiendo del fracaso, y eres concientes de
    las muchas fallas que aún tienes, pero ahora eres capaz de ver esos frutos en tu vida
    sin sentir vergüenza. Ese es el testimonio que das a la otra gente. Y te das cuenta que
    lo que surge de estos frutos de la meditación para tu vida no es nada menos que la
    manifestación de la vida de Cristo en ti - “Yo no vivo más, Cristo vive en mi”.Y
    entonces te das cuenta que esta es la vida divina que crece dentro de ti, que lo que te
    está pasando es algo más grande de lo que te habías imaginado.

    En realidad, lo que te está sucediendo es que estás siendo divinizado. Gradualmente
    estás siendo introducido dentro de la vida de Dios en el que vivimos, donde nos
    movemos y tenemos nuestro ser. .Es la seducción de Dios. Es la divina seducción que
    está ocurriendo. Es en este segundo nivel de atención donde vemos los frutos de la
    meditación con nuestros sentidos espirituales. Con nuestros sentidos espirituales,
    vemos, sentimos, gustamos y disfrutamos del sabor de estos frutos del espíritu. Nos
    vuelven reflejados en las pantallas de nuestras vidas, de nuestras actividades de
    nuestras relaciones. Vemos en nuestra vida diaria que algunas cosas que realmente
    me molestaban 15 años atrás, ahora puedo tomarlas mejor. Cuando estoy pasando
    por un periodo muy difícil puedo sentirme calmo aunque sea muy turbulento,
    preocupante o incierto. Lo que en realidad estamos experimentando es la visión de
    Dios. Estamos viendo a Dios. Lo estamos viendo trabajar. Vemos las huellas de Dios
    en nuestras vidas. Entonces ver los frutos es parte del proceso y, es por cierto, tal
    vez el fruto más importante que seamos capaces de ver.



    Laurence Freeman OSB
    Conferencia Anual en el Reino Unido, Escuela Oakham, Abril 2005
    © 2005 Usado con permiso.
    Comunidad Mundial de Meditación Cristiana
    (www.wccm.org)

Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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