LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
El Camino de la Meditación - Parte 2
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    Lo que los primeros maestros cristianos recomendaban era esto, un modo muy
    simple y práctico de vaciar la mente, la práctica de la oración pura. Ellos dicen que en
    el momento de la meditación, se toma una palabra o una frase corta y se repite esta
    palabra o frase o mantra  continuamente con la mente y el corazón, durante todo el
    periodo de la meditación. La simple y continua repetición es lo que nos llevará de la
    mente al corazón, de la agitación a la paz, del la distracción a la presencia. El repetir
    la palabra crea un pequeño y angosto sendero de silencio que transitaremos a través
    del ruido, de las distracciones, de la agitación y de la turbulencia de la mente.

    Recordemos lo que Jesús dice del camino a la vida. El dice que el camino a la vida es
    un sendero angosto que lleva a la vida y que hay pocos que lo encontrarán. Entonces,
    repetir la palabra es la disciplina esencial y también el arte de al meditación.

    2 Siéntense tranquilos, en silencio. La regla básica para la postura es sentarse con la
    espalda derecha. Eso ayudará a permanece despiertos y en alerta. Luego,
    suavemente, interiormente en silencio se comienza a repetir la palabra, el mantra. Lo
    decimos en quietud, sin mover los labios o la lengua.

    3 La elección de la palabra que se va a repetir es importante, porque queremos
    permanecer con la misma palabra durante todo el período de meditación, de hecho
    día a día. Mediten por la mañana y por la tarde, alrededor de media hora cada vez. Al
    meditar por la mañana y por la tarde y en cada meditación, se repite la misma
    palabra. Esta fidelidad a la palabra, permite que ella se hunda gradual e
    imperceptiblemente pero en forma muy real en un nivel de conciencia más profundo,
    en el corazón. Entonces la elección de la palabra es importante. Por ejemplo, se
    podría tomar el nombre de Jesús, un mantra Cristiano muy antiguo, como una
    palabra para rezar. También se podría toma la palabra Abba, la hermosa palabra que
    Jesús hizo sagrada en su oración.

    4 La palabra que personalmente recomendaría, y que el Padre John recomendó es
    “Maranatha”. Maranatha es la oración Cristiana más antigua. Significa, Ven Señor. Es
    en arameo, el idioma que Jesús hablaba. San Pablo finaliza su primera carta a los
    Corintios con ella. Si eligen esta palabra díganla en cuatro sílabas. Ma-ra-na- tha.
    Maranatha. Pronuncien claramente la palabra con su mente, escúchenla mientras la
    dicen. No piensen en su significado. La meditación no es lo que uno piensa. Libérense
    de todos los pensamientos durante la meditación, incluso de los buenos
    pensamientos o de los pensamientos religiosos.¿Cómo liberarse de ellos?
    Simplemente retornando al mantra tan pronto como uno se da cuenta que un
    pensamiento lo distrae. Esto es lo que queremos significar con practicar la pobreza.
    Liberarse de todo. Felices los pobres de espíritu, de ellos es el Reino de Dios. El modo
    de practicar esta pobreza, esta liberación, esa hermosa libertad de la pobreza de
    espíritu, es retornar fiel y generosamente a la palabra elegida. Recuerden de decir la
    palabra suavemente, son? ‘usen la fuerza, pero díganla con fidelidad, y continúen
    volviendo a ella cada vez que se den cuenta que han dejado de decirla.

    5 Si tienen suerte, después de dos segundos de comenzar a meditar, comenzarán a
    pensar en el pasado o en el futuro, comenzarán a fantasear, o a tener una
    conversación imaginaria, algún miedo o ansiedad comenzará a cruzar su mente, o se
    comenzarán a formar planes acerca de lo que van a hacer. Por la gracia de Dios, y
    éste es el misterio de la conciencia, se darán cuenta de que están distraídos. Esto se
    debe a que el Espíritu Santo también está rezando con ustedes. Tan pronto come se
    den cuenta que han dejado de repetir la palabra, no pierdan tiempo analizando por
    qué o sintiéndose culpables, regresen a la palabra y comiencen a decirla de nuevo.
    Así, sincronizamos nuestro yo más profundo con el Espíritu Santo.

    6 Abandonen toda idea de éxito o fracaso. Su ego les dirá, “No lo estás haciendo muy
    bien. Esto es una completa pérdida de tiempo. No eres bueno como meditador ni
    como nada más. Trata de hacer algo que te de un poco mas de satisfacción, un poco
    mas de gratificación inmediata”. Cada vez que escuchen esa vocecita del ego, ríanse
    de ella y digan, “por favor, vete”. Entonces, abandonen esa preocupación obsesiva
    que todos tenemos acerca del fracaso y del éxito. El éxito y el fracaso son problemas
    del ego. Tan pronto se den cuenta que han dejado de repetir la palabra, no deben
    perder tiempo juzgando su desempeño y evaluando cuan bien lo han hecho, sólo
    continúen y regresen a la palabra con la simplicidad y la humildad de un niño.
    Practicar esta disciplina les enseñará de la forma mas poderosa y directa el
    significado delas palabras de Jesús. “A menos que sean como los niños, no entrarán
    en el Reino de los Cielos”.

    7 Estas son formas de acercarse a las enseñanzas esenciales de la meditación. A
    veces la gente busca enseñanzas más esotéricas, o métodos más complicados.
    Pero los grandes misterios son revelados en la simplicidad. “Te agradezco Padre por
    ocultar estos misterios a los sabios e inteligentes y revelarlos a los niños”. No
    busquen márgenes esotéricos o experiencias esotéricas. No esperen que pase algo.
    John Main solía decir, “Si algo sucede, ignórenlo. Si nada pasa, agradezcan”. Existe
    una gran sabiduría en ello. Es en la práctica de la simplicidad que se revelan los
    grandes misterios. Ya sea que hayan meditado durante 25 años, o sea la primera vez,
    ya sea que hayan meditado una vez y después hayan abandonado, ya sea que su
    práctica sea constante y mediten dos veces al día o que sean un poco inconstantes y
    pierdan muchas veces de meditar, todos estamos comenzando esta tarde desde el
    mismo punto de partida. Todos somos principiantes. Todos estamos aquí y ahora.
    Todos estamos, simplemente, en el mismo camino partiendo una vez más desde el
    mismo punto de partida.



    Laurence Freeman OSB  
    Pasajes de la charla dada en el Retiro,
    Seminario John Main 2002, Montreal, Canada
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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