LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
El Viaje de la Meditación
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    El camino de la oración pura es un viaje centrado en Cristo, un viaje Cristo- céntrico.
    Es un viaje que nos lleva más profundo que la mente, más profundo que el
    pensamiento, más profundo que las imágenes. Es un viaje al corazón, lo que los
    padres del Este llamaron como traer la mente al corazón. Pero ¿cómo podemos
    entender mejor este viaje, este proceso, este peregrinaje?

    Escuchemos estas palabras de la carta a los Colosenses: Pedimos a Dios que les
    haga conocer perfectamente su voluntad, y les de con abundancia la sabiduría y el
    sentido de las cosas espirituales. Así podrán comportarse de una manera digna del
    Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas y
    progresando en el conocimiento de Dios. (Colosenses 1:10).

    El crecer y dar frutos, ambos procesos de la vida espiritual, el camino de la oración
    pura, se entienden mejor como una experiencia que despliega. El Reino de los cielos
    no es un lugar, es una experiencia, una experiencia que ya está profundamente
    insertada dentro de nuestro ser, la del Espíritu Santo que habita en nuestro interior, la
    que se revela, la que se descubre, la que se recupera. Existen diferentes modelos que
    podemos usar para expresar este proceso, este viaje.

    Uno que me gusta mucho se refiere al camino de la meditación como el camino del
    auto conocimiento. Esta es la historia de un hombre que esculpió una hermosa
    estatua de un elefante y la puso en el mercado de su villa. Gente de todo el país iba a
    admirarla. Hacían fila para pasar a admirar este hermoso elefante y luego una
    persona se acercó al escultor y le dijo:”¿Cómo hiciste esto? Es una hermosa
    creación. ¿Cómo lo hiciste?” El escultor pensó por unos instantes y dijo: “Bueno
    comencé con este bloque de roca sin forma y lo tallé y fui rompiendo pedacito a
    pedacito todo lo que no era el elefante y el elefante surgió.” Ese es nuestro modo de
    llegar al auto conocimiento, al verdadero ser, sacando todo lo que no sea verdadero
    ser.

    Hay una descripción en las escrituras de nuestro progreso o crecimiento que también
    puede ser útil. La evolución, por ejemplo, que vemos en la teología de San Pablo desde
    los dones carismáticos que el describe en Corintios l (la manifestación externa, los
    fenómenos, las experiencias externas) hasta la cosecha del Espíritu que describe en
    Gálatas 5 ( amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, comprensión,
    auto control- frutos de la oración), la transformación gradual de nuestros
    sentimientos negativos en sentimientos positivos y en respuestas, el modo en como
    nos sentimos y como los demás pueden ver la santidad de Cristo saliendo de nuestra
    humanidad, que es más profunda que esos primeros dones carismáticos, que esas
    experiencias más sorprendentes de las primeras etapas de nuestro viaje. Pero luego,
    incluso más allá de los frutos del Espíritu, tal vez el nivel más alto de este viaje sea
    cuando realmente comenzamos a experimentar las Beatitudes, “Benditos son los
    pobres de espíritu y demás. Esas Beatitudes expresan el corazón de la paradoja de
    Cristo, la paradoja de la realidad vista desde el centro de la realidad. Entonces
    podríamos ver nuestro  progreso, también desde las experiencias externas hasta la
    transformación de nuestra personalidad por la santidad de Cristo en nuestro interior,
    viviendo las Beatitudes, la paradoja de la realidad.

    Lo que queda claro es el crecimiento, no importa el modelo que elijamos para este
    viaje. Hay una crisis en cada etapa del crecimiento. Cualquiera que persevere en
    cualquier clase de viaje en cada etapa de viaje experimentará algún tipo de crisis.
    Siempre existe la misma lucha  para despegarse del ego en niveles cada vez más
    profundos, en los cuales superamos, cada vez más profundamente, los miedos e
    inseguridades enterrados en nuestra psiquis.

    Cierta vez encontré en la tradición budista una linda descripción del progreso del
    meditador, del monje. Usa la imagen de un río. La primera etapa es cuando entramos
    en el río. Se llama el que entra en la corriente. La idea es que solo introduces el pie  
    por un  par de minutos y luego lo sacas. Eres simplemente un probador. La próxima
    vez que te metes, permaneces más tiempo. Se llama el que regresa una vez. Puedas
    salir nuevamente pero solo una vez más, y luego regresas y te quedas adentro. Luego,
    el que nunca regresa, ese se queda en la corriente, en el río. Y finalmente el santo  lo
    la persona iluminada, libre. Estas son las etapas del compromiso  por las cuales
    podemos reconocer nuestro progreso, nuestro movimiento, las etapas del
    compromiso que se hacen muy evidentes en el modo en que permanecemos fieles a
    la disciplina de la oración. Por ejemplo, cuando comenzamos cualquier práctica como
    la meditación, comenzamos, paramos, comenzamos nuevamente. Tal vez estamos y
    no estamos. Atravesamos un proceso de compromiso que se va haciendo más
    profundo. El momento real del compromiso puede ser imperceptible.

    Repentinamente un día nos damos cuenta que somos uno de los que nunca regresa,
    hemos pasado el punto de retorno y no nos volveremos atrás. Ese momento de
    compromiso es bastante difícil de encontrar. Creo que en verdad sentimos que no fue
    solo un acto voluntario. Nuestra voluntad rara vez es lo suficientemente fuerte como
    para alcanzar algo semejante. Entonces nos damos cuenta, a medida que
    atravesamos este proceso de compromiso, que el mismo proceso está también lleno
    de gracia, Cristo como nuestro maestro está allí, en lo que aprendemos, en nuestro
    discipulado. Santa Teresa explicó gráficamente  ciertas etapas de la oración como
    las etapas en las cuales se va a buscar agua. La primera etapa, dijo, es como usar un
    balde, algo bastante trabajoso, sacar el balde del pozo y acarrearlo. La segunda etapa
    es usar la bomba, más sencillo. La tercera etapa es cuando se tiene la irrigación. Ya
    no tienes que llevar el agua. Y la cuarta etapa es cuando llueve, Así describe las
    etapas de la oración, las etapas de nuestra entrada en la  oración del Espíritu. Lo que
    caracteriza a esas etapas es que el grado de esfuerzo va decreciendo, cada vez
    menos esfuerzo, y cada vez más aumenta la oración de Jesús.
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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