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Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    Para realizar plenamente nuestro potencial humano debemos ir más allá de la
    mente, los pensamientos, las palabras, las ideas y las imágenes. Debes ir hacia el
    interior de tu corazón No tenemos que esperar a ser santos para de meditar – dice
    el Padre Laurence Freeman, líder de la Comunidad Mundial de Meditación Cristiana,
    durante una reciente visita a Polonia.

    ¿Cómo comenzó su aventura con la meditación?
    Mis comienzos en la meditación se conectan con John Main, mi maestro, un monje
    benedictino irlandés a quien conocí cuando era un joven estudiante. Este año es el
    veinticinco aniversario de su fallecimiento. El tenía una personalidad muy fuerte y
    cariñosa, fue un maestro personal de gran profundidad y una figura profética para
    el cristianismo moderno. Tenía idea con respecto la dirección en la que se está
    moviendo la iglesia y también una visión muy realista de su relación con la sociedad
    secular. Cuando yo estaba en la universidad fui a consultarlo por unos asuntos
    personales – Me encontraba en una búsqueda espiritual aunque mis problemas no
    me lo dejaran ver claramente! Entonces me introdujo a la meditación.
    Concientemente yo no buscaba la meditación, pero cuando me la presentó en
    palabras simples pero muy convincentes y con gran autoridad, supe que era
    auténtica y que finalmente necesitaría responder a ella. Unos pocos años después
    John Main ofreció a hombres jóvenes la oportunidad de pasar seis meses en el
    monasterio de Londres para un periodo de formación espiritual con la meditación
    como base. La idea era que después de seis meses retornaríamos a nuestro
    mundo y a nuestras carreras (en ese entonces estaba interesado en el periodismo).
    Ese tiempo me llevó a un crecimiento espiritual inesperado por medio de un cierto
    grado de auto conocimiento. Como resultado, me di cuenta que estaba menos
    interesado en el periodismo que en hacer de la búsqueda espiritual el centro de mi
    vida. San Benito dice que el monje es el que verdaderamente busca a Dios. No es
    necesario vivir en un monasterio para buscarlo – pero no fue mi caso. Entonces,
    después de un difícil periodo de reflexión decidí hacerme monje.

    ¿Porque en la orden de San Benito?
    Es la más antigua de las órdenes de la iglesia y por lo tanto la más flexible en sus
    manifestaciones. Representaba para mi la posibilidad de un a vida contemplativa
    profunda - y también de estar activamente al servicio de los demás. Me sentía
    atraído por la idea de John Main de una “comunidad de amor” y ésta parecía ser
    una causa a la cual yo podría servir mejor como monje tratando, a pesar de todas
    mis limitaciones, de ser realmente libre. La tradición benedictina ha evolucionado
    en muchas formas durante 1500 años. Sus raíces se encuentran en el primitivo
    monasticismo del desierto pero ha hecho su aporte a cada aspecto de la existencia
    humana – aporte cultural, intelectual, social, incluso económico- de acuerdo a lo
    que demandasen las circunstancias y las necesidades del tiempo y del lugar.
    Todavía representa para mí una visión de la vida basada en la moderación y en la
    tolerancia, centrada en Dios, de la cual se puede beneficiar la gente moderna.

    Una vez usted dijo que la meditación es como volver a casa después de un largo
    viaje. ¿Qué quiso decir?
    Hay varios modos de ver a la meditación como “un regreso a casa”.  Para mucha
    gente significa que habiendo dejado el camino cristiano para ir a buscar en el Este
    una experiencia interior más profunda, ahora descubren, que en la tradición
    cristiana, en casa, existe la meditación. De manera que ahora pueden practicar una
    oración contemplativa seria dentro de su propia tradición. También hay un
    significado más profundo, más universal. En la meditación hacemos el trabajo de
    volver a casa, a nuestro interior, nuestro ser más profundo y verdadero donde
    somos íconos vivientes de Dios. Y en la tradición del desierto que nosotros
    enseñamos, el auto conocimiento es la base de nuestro conocimiento de Dios. Este
    tipo de auto conocimiento no es simplemente información psicológica sobre
    nosotros mismos. Es esa parte o nivel de conciencia, conciencia pura y despertar
    contemplativo, en el cual nos conocemos de la forma en que Dios nos conoce. Es
    aquí cuando podemos amarnos verdaderamente y estar en paz con nosotros
    mismos y con todo lo demás. De manera que se podría decir que la meditación es
    ambas cosas, un volver a casa a uno mismo y al mundo real, no al que nuestros
    egos construyen y tratan de manipular. Y finalmente es volver a casa, a Dios. Somos
    como el hijo pródigo que en algún momento abandona sus distracciones y
    comienza su regreso a casa. Antes de que él llegue a lo que piensa es su destino,
    su amoroso Padre viene a saludarlo. Venir a casa es estar donde se es amado.

    ¿Por qué el Este? Mucha gente está preocupada de que la meditación no sea una
    tradición Cristiana. ¿Cuáles son los orígenes de la meditación Cristiana?
    Es algo muy triste para la Iglesia cuando tienes católicos que dicen que la
    meditación no es parte de la tradición cristiana. La razón por la que lo dicen es que
    nadie se las enseñó dentro de la vida de la parroquia. Entonces, cuando ahora se
    encuentran con la meditación, sienten que es importada del budismo o del
    hinduismo. La meditación es por supuesto algo central para esas religiones y nos
    ofrece una base común para el diálogo. Pero en nuestra tradición cristiana tenemos
    una rica tradición mística, - grandes maestros de la oración contemplativa- la
    oración del corazón, distinta a la oración mental. Hoy día el gran desafío para
    nosotros es re apropiarnos de esa dimensión de nuestra vida Cristiana.

    ¿No es extraño que descubramos una forma similar de oración en religiones
    completamente diferentes?
    Sería más extraño si no lo hiciéramos. Significaría que no somos una sola familia
    humana y que no tuvimos un mismo origen, lo que llamamos el Creador.
    Para realizar plenamente nuestro potencial humano debemos ir más allá de la
    mente, los pensamientos, las palabras, las ideas y las imágenes. Debes ir hacia el
    interior del corazón. Eso es, básicamente, sabiduría universal. Es como comer,
    beber y respirar: en todas las culturas tenemos la misma constitución física, de la
    misma manera, básicamente, todos tenemos la misma base espiritual. Las
    diferencias son importantes pero sólo podríamos reconocer las diferencias si
    tuviéramos algo en común.

    Hoy, es importante para los cristianos darse cuenta que el cristianismo es
    históricamente posterior a las tradiciones orientales. Tenemos algo que aprender
    de ellas y por supuesto algo que ofrecerles. Pero el cristianismo tiene su propia
    experiencia de esta sabiduría universal que está plasmada en la persona de Jesús.
    Para el cristianismo la sabiduría está encarnada.

    Los primeros siglos del cristianismo formaron lo que ahora conocemos como la
    doctrina cristiana y la Iglesia. Durante ese periodo de matriz creativa, la experiencia
    contemplativa, la práctica de la oración del corazón, se combinaba con una
    profunda reflexión sobre el significado de las Escrituras. Sin embargo, y en especial
    en la Iglesia Occidental, esta orientación contemplativa se debilitó y se convirtió en
    algo cada vez más especializado y marginado. La Iglesia Oriental, menos misionera
    y menos afectada por el cambio intelectual, no se distanció tanto de ese corazón
    contemplativo de fe y liturgia.

    A partir del Concilio Vaticano, todas las vocaciones dentro de la iglesia- laica y
    monástica - han puesto un gran énfasis en el redescubrimiento de la tradición
    contemplativa. Es el movimiento más importante de renovación en la iglesia porque
    afecta todo lo que pensamos y hacemos. La actitud de miedo, sospecha y hostilidad
    con que algunos cristianos reciben esta renovación y la práctica de la meditación
    constituyen una triste reflexión acerca del modo incompleto en que somos
    educados y formados en nuestras tradiciones y en nuestra fe

    ¿Existe alguna posibilidad de cambiar esta situación?
    Hace dos días que llegué de Australia. Hay una diócesis católica allí que acaba de
    introducir oficialmente la enseñanza de la meditación cristiana, a partir de los cinco
    años de edad, en todas las escuelas católicas. Y cuando estuve en Nueva Zelanda
    me encontré con todos los obispos católicos y me produjo gran placer ver que bien
    están apoyando la enseñanza de la meditación en la vida parroquial. También en
    Los Ángeles estamos trabajando en un programa ecuménico para introducir la
    meditación en todas las parroquias. También en Sudamérica y en Asia somos
    invitados a enseñar meditación y estamos formando maestros que lo harán. De
    esta manera, en algunas partes de la iglesia esta renovación contemplativa ya está
    bien establecida. En Europa Oriental se encuentra en sus etapas iniciales. Estamos
    entrando en una nueva era del Cristianismo.

    ¿Puede explicar la diferencia entre la meditación y la contemplación?
    La meditación es el trabajo que hacemos para recibir el don de la contemplación,
    que es una gracia que nos fue dada en el Bautismo y que necesitamos desarrollar.
    La contemplación ya está presenten nosotros- es la semilla que debemos activar
    con el sol y el agua de la fe.

    La oración nunca es sólo una técnica. Siempre se rinde en la fe a la realidad de
    Dios. Es olvidarse de uno mismo pero es también un enamorarse. La contemplación
    es la meta de la vida, nuestro significado y destino final “es ver a Dios”. Esa es la
    razón por la cual somos creados –ver a Dios. Gregorio de Nisa dijo que ver a Dios es
    encontrar a Dios. Pero el agregó que encontrar a Dios es estar siempre buscando a
    Dios. En esta vida – o en la próxima – nunca alcanzamos la meta final.

    La meditación es también la purificación del corazón que nos permite entrar en la
    visión de Dios. Necesitamos una práctica de oración contemplativa que permita que
    este proceso progrese. Necesitamos construir en nuestra vida diaria la práctica de
    la contemplación: esa es la práctica diaria de la meditación cristiana, en la mañana
    y en la noche.

    Entonces, ¿es el mejor modo de rezar?
    Digamos que es el más simple. La meditación no reemplaza los otros modos de
    oración y no debería hacerlo. La oración es como una gran rueda que da vueltas
    hacia Dios. Los diferentes rayos de la rueda representan los diferentes modos de
    oración. Entonces tenemos la lectio – lectura de las Escrituras - los sacramentos, la
    misa, las devociones, las peregrinaciones, muchos y diferentes estilos y escuelas
    de oración- desde los ejercicios de los Jesuitas a la oración carismática. Todas
    estas distintas formas de rezar son valiosas aunque no todos se sientan llamados
    por ellas. Rezadas sinceramente son en sí mismas auténticas y útiles. Su utilidad
    está asegurada siempre que los rayos nos estén moviendo hacia el centro. Todos
    los rayos se encuentran en el centro de la rueda. En el centro de la rueda
    encontramos la oración de Cristo.

    San Pablo dice que no sabemos como rezar pero que el Espíritu reza en nosotros. .
    El también dice: “Yo no vivo más, peor Cristo vive en mí”. Entonces nosotros
    podríamos decir: Yo no rezo más, Cristo reza en mí. Esa unión con la mente de
    Cristo, ese entrar en su experiencia del Padre, es la dirección verdadera de todas
    las formas de oración. Deberíamos crecer a través de estas prácticas frecuentes,
    no sólo haciendo girar la rueda sin llegar a ningún lugar. Existe una gran diferencia
    entre la repetición mecánica que no nos lleva a ningún lugar y la repetición con fe y
    amor que nos transforma.

    Para ser prácticos – lo que recomendamos son dos periodos de meditación
    silenciosa. –mañana y noche. Integrar estos periodos de quietud y simplicidad a tus
    otras formas de oración y a tu vida diaria. El efecto de esta disciplina – simple pero
    para nada sencilla- es que te abres, no sólo en el momento de la oración, sino en
    todos los aspectos de tu vida a la presencia de Dios, siempre, en todas partes y en
    todas las cosas.

    Entonces, cualquier forma de oración tiene el potencial de guiarnos hacia la
    contemplación?
    Si, si rezamos con simplicidad, fe y atención pura. En el Sermón de la Montaña
    Jesús dice: cuando rezas no se trata de observar las formas externas, parados en
    las esquinas buscando despertar la admiración de los demás. El ególatra que reza
    podría estar más preocupado por lo que la gente piense de mí o incluso por lo que
    Dios piense de mí, que por adorar sinceramente “en espíritu y en verdad” la
    verdadera experiencia de Dios.

    La iglesia es una organización compuesta por seres humanos, y a veces puede
    estar dominada por el miedo o incluso por formas o amenazas de violencia
    religiosa. Este es el peligro de todo poder. Podríamos usar la condena o la
    desaprobación para reprimir la libertad de la gente. Sin embargo todos
    necesitamos de la disciplina y de alguien que nos guíe. Es un balance delicado y la
    contemplación necesita estar en el centro de la iglesia si queremos mantener ese
    balance. Cristo nos advierte que seamos muy cuidadosos con el poder. Y cuando el
    habla de rezar está enfatizando a la contemplación y no la ritual.

    El dice: cuando reces, retírate a tu cuarto interior, a tu corazón. Y no andes por ahí
    parloteando o hablando en demasía. Porque tu Padre celestial sabe lo que
    necesitas antes que se lo pidas. Luego El nos dice: No te preocupes. No te
    obsesiones por tus preocupaciones materiales. Esta es una advertencia muy
    importante que nosotros, como sociedad de consumo, debemos escuchar. No nos
    quiere decir que no debemos comer o beber o preocuparnos por las necesidades
    de los demás. Sino que no tengamos una fijación ni que estemos sobre ocupados
    por problemas materiales.  Luego El nos dice: Está atento. Pon tu mente en el Reino
    de Dios y lo demás se te dará por añadidura.

    Estos son algunos de los elementos esenciales que Cristo nos enseña con
    respecto a la oración. Y si los ponemos juntos, tenemos la enseñanza sobre la
    contemplación. Cualquier forma de oración que sea practicada sinceramente, nos
    puede guiar a la contemplación si respeta esos elementos esenciales.

    ¿Cómo entiende la palabra “meditación”?
    Yo uso la palabra específicamente en su sentido antiguo monástico. En la iglesia
    antigua la palabra “meditare” significaba no pensar en un modo analítico sino
    repetir, masticar, dar vueltas en el corazón. Luego en el periodo escolástico cuando
    la tradición de la sabiduría fue eclipsada, adquirió un significado más
    exclusivamente intelectual: significó pensar, analizar, reflexionar de modo formal o
    imaginativo. Así la oración del corazón dio lugar a la oración mental como el
    principal centro de atención de la oración. Ese fue el gran problema. Cada vez con
    más frecuencia en la iglesia occidental la oración quedo limitada a la oración
    mental y a los ritos. Pero la oración del corazón, que da significado a estas otras
    formas de oración, fue suprimida.

    Especialmente hoy, mucha gente cree que la meditación es pensar en una oración
    de las escrituras o mirar algún cuadro sagrado y pensar. ¿Es eso la meditación?
    Es una forma de meditación. Se llama lecto divinia Son pasos tradicionales
    descriptos en los procesos de la oración: de la lectio a la meditatio, a la oratio y
    finalmente a la contemplatio. Esos términos identifican aspectos de progresiva
    profundidad en la oración.

    Tomas un pasaje de la escritura, lo lees lo re-lees, lo piensas, reflexionas sobre él.
    Luego, tal vez durante la lectura del pasaje tu mente te llevará a concentrarte en
    una frase en particular, en una imagen o en una palabra. Y durante el periodo de la
    lectio puedes quedarte con eso o puedes seguir dando vueltas por el texto. Ese es
    el inicio de la meditatio. Pero hay otro paso. En ese paso limitas tu mente a una sola
    palabra – una sola “fórmula” como la llamaban los monjes del desierto. Quedarse
    con esa fórmula durante todo el periodo de oración representa una nueva fase de
    simplicidad en tu viaje de oración.

    John Cassian, que fue el maestro al que San Benito nos refiere si queremos rezar
    más profundamente, enfatiza en sus Conferencias que esta forma de meditación u
    oración pura desciende a nosotros en un directo linaje espiritual de los antiguos
    padres del desierto, quienes a su vez la recibieron, dice, de los Padres Apostólicos.
    La frase que él recomienda de los salmos es “O Dios ven en mi ayuda. Dios apúrate
    a ayudarme”, San Benito ubica esta frase al comienzo del Oficio Divino. Este fue el
    mantra del antiguo movimiento monástico. Cassian lo llama, en latín, una formula
    que debe ser repetida continuamente en el corazón, dejando pasar y renunciando a
    todas las riquezas del pensamiento y de la imaginación. De esta forma, dice, somos
    llevados hacia la primera de las beatitudes: la pobreza del espíritu.
    No estoy diciendo que esta sea la única manera de orar. Pero es una manera de
    rezar ancestral y simple dentro de nuestra tradición . Nos lleva de la mente al
    corazón. Sin embargo creo, que sin esta profunda experiencia - del corazón – las
    otras formas de oración comienzan a perder su significado. Esa es la razón por la
    cual para mucha gente la oración e incluso los sacramentos han perdido su
    habilidad de nutrirnos e inspirarnos.

    ¿Cúal es la mejor palabra para meditar?
    Es importante. Debes elegir una palabra que sea sagrada en tu propia tradición y al
    permanecer con la misma palabra permites que se arraigue en tu corazón. Podrías
    elegir el nombre “Jesús o la palabra “Abba” ( una palabra común que Jesús hizo
    sagrada) Pero la palabra que recomendamos en nuestra Comunidad es
    “Maranatha”.La razón por la que la recomendamos es que se trata de la más
    antigua oración cristiana (1 Cor 16:20). Está en arameo, el idioma de Jesús. No es la
    única palabra que se puede elegir, pero es un mantra ideal y hermoso en la
    tradición cristiana.

    Lo importante es recordar que cuando decimos la palabra, no lo estamos diciendo
    mecánicamente – no es una simple técnica. La estamos diciendo interiormente, la
    repetimos en nuestra mente y en nuestro corazón con fe y amor. Es una disciplina y
    la decimos como discípulos.

    ¿Y que sucede con nuestros pensamientos y con otras distracciones?
    Trato de correr regularmente para mantenerme en forma. Durante unas semanas
    no pude hacerlo: hacia frío afuera y me daba pereza. De manera que cuando
    comencé a correr nuevamente fue muy duro. Pero ahora después de un par de
    semanas estoy comenzando a mejorar.

    Lo mismo ocurre con la meditación: estamos fuera de estado espiritual cuando
    comenzamos. Estar en un buen estado espiritual significa que estás centrado, libre
    de la distracción. Si practicas la meditación, que es el trabajo de la atención y el ir
    más allá de la distracción, y si tienes el apoyo de un grupo, puedes volver a un mejor
    estado espiritual. La mente y el corazón quedan nuevamente equilibrados, menos
    divididos.

    Cuando comienzas a meditar, puedes descorazonarte rápidamente porque tienes
    distracciones. También pueden surgir otros sentimientos que no esperas que
    salgan – ira, deseo, celos, temor. Estas son distracciones, al igual que los
    pensamientos tontos, los planes, los recuerdos las ensoñaciones que nos acosan
    como mosquitos en una tarde calurosa.

    Necesitamos aliento. El rol de la iglesia es animar a la gente a crecer en su vida
    contemplativa. Toda parroquia debería tener un pequeño grupo de oración
    contemplativa, que inicie a la gente en la meditación y que sirva como un lugar de
    ininterrumpida amistad espiritual. La primera etapa es cuando estás repitiendo el
    mantra en tu cabeza con muchas interrupciones y distracciones. A medida que
    perseveras, la palabra comienza a hundirse más dentro del corazón. Lentamente se
    arraiga en él. Luego te abre más totalmente a la oración del Espíritu. Ya no piensas
    más en lo que puedes obtener de Dios. No estas temeroso de Dios porque estás
    comenzando a experimentar el amor de Dios. En la meditación no estamos
    pensando en Dios, estamos siendo con Dios. Esto es la atención, el amor. Las
    distracciones son naturales pero no debes preocuparte por ellas, ni evaluar la
    meditación de acuerdo a cuan distraído has estado. Mira tu vida donde verás el
    amor de Dios hacerse más visible y a ti mismo siendo más amoroso.

    Frecuentemente tenemos una imagen de Dios que es negativa - furioso, vengativo,
    aterrador ¿Quién o qué es Dios? ¿Juez, amigo...?
    Gregorio de Nisa dijo que cada imagen de Dios es un ídolo. En algún momento de
    nuestra vida espiritual debemos ser iconoclastas, debemos destruir las imágenes
    de Dios porque de lo contrario nos convertiremos en adoradores de un ídolo. Las
    imágenes volverán a formarse fuera de la meditación pero sabremos que son
    solamente imágenes o ideas, que apuntan a la realidad que está más allá de la
    imaginación.

    Si tenemos la meditación incorporada a nuestra vida, podemos pensar en Dios,
    usar imágenes de Dios – sin riesgo. De otra forma – las imágenes se convierten en
    ídolos.

    Estamos dando un curso en Londres llamado “Las Raíces del Misticismo Cristiano”
    Cada semana les presentamos a la gente a los grandes maestros de la tradición
    mística. Hay una idea clara, común y continua en esa tradición: existen dos
    maneras de conocer a Dios y por lo tanto dos enfoques de la oración. Una se llama
    kataphatic. Es usar la mente para pensar y hablar de Dios, para formular ideas y
    debates de teología. Es buena y necesaria. Pero debe estar en equilibrio con la
    apophatic. Esta última se basa en el hecho de que Dios es un misterio y no puede
    ser conocido a través de la reflexión - sólo a través del amor. Así, mediante esta
    forma de conocer a Dios o rezar, abandonamos todas la palabras e imágenes de
    Dios. Creo que es la única manera de mantener puras las ideas y las imágenes de
    Dios. De lo contrario estas imágenes se convierten en proyecciones de nuestro
    propio ego o de nuestra agenda social o política.

    “Dios” es un monosílabo muy poderoso. Cuando la gente habla de la voluntad de
    Dios o de lo que deberíamos hacer porque Dios lo dice – esto constituye una fuerza
    muy poderosa en la política y en la religión. Estamos reinvidicando la máxima
    autoridad. Debemos ser muy cuidadosos de no hacer abuso de esta palabra porque
    eso sería profanación, la blasfemia más grande. Usar la palabra “Dios” para hablar
    de un Dios vengativo no es la verdadera imagen cristiana de Dios.

    Quien hable de Dios como vengativo no está en verdadera armonía con el espíritu
    de Cristo y el espíritu del Evangelio. Dios es amor, dice San Juan. El también dice
    que si albergamos en nuestro interior algún temor de ser castigados, entonces
    nuestro amor es imperfecto. ¿Acaso el padre del Hijo Pródigo lo castiga? ¿No nos
    dice Jesús que el Padre es como el sol que brilla sobre los buenos y sobre los
    malos de la misma manera y que Él es bueno con los desagradecidos y con los
    malvados?

    El hecho es que – como dice la tradición cristiana – el pecado contiene su propio
    castigo. Nosotros mismos nos castigamos. En la mente cristiana, el pecado se
    asocia con la gracia y no con el castigo. “Donde abunda el pecado, sobreabunda la
    gracia”, dice San Pablo.

    Jesús dice que hay que ser como niños para entrar al cielo. ¿La meditación es una
    forma de ser niño?
    Cuando Jesús nos dice que seamos como niños, que debemos aceptar al Reino de
    los Cielos como un niño, creo que quiere decir que debemos simplificarnos. Esto es
    algo muy difícil para nosotros. Somos complejos, auto concientes, auto analíticos y
    también estamos muy heridos. La meditación es un modo de simplificación y de
    cura. Es la forma más directa para llegar a la simplicidad y para tener la experiencia
    de ser niños amados por Dios. Podemos discutir todo esto a niveles teológicos o de
    las escrituras, pero si meditamos con niños entenderemos porque Jesús dijo esto.
    Tomó a un niño y se lo mostró a sus discípulos y dijo: este es vuestro modelo,
    vuestro maestro, esto es lo que ustedes deberían ser. Mencioné la diócesis
    australiana que ahora está enseñando meditación cristiana en los colegios. Hace
    poco estuve allí y visité algunas clases. Eran niños comunes, que jugaban y hacían
    barullo. Luego la maestra dijo: “Muy bien, ahora vamos a meditar!”. Los niños
    comenzaron inmediatamente a preparar el cuarto. Formaron un círculo,
    encendieron una vela, y comenzaron a sentarse. Se sentaron en completo silencio y
    quietud durante un minuto por cada año de edad. Cinco minutos los de cinco años,
    diez minutos los de diez. Y estaban realmente muy quietos. Luego suena la
    campana, la meditación termina, y ellos vuelven a sus actividades en la clase. No
    tienen ninguna pregunta. Pero si les preguntas que es la meditación tienen
    respuestas muy interesantes. Ellos nos pueden enseñar que la meditación es
    verdaderamente simple y natural. Algunos padres se han puesto en contacto con
    los maestros y les han dicho que habían notado que sus hijos estaban más felices y
    pacíficos. Algunos de ellos se interesaron en la meditación porque habían visto sus
    beneficios en sus hijos.

    La meditación no es fácil ni siquiera para los niños. Pero ellos son menos
    complicados que nosotros. Cuando estaba allí, estaba usando mi hábito blanco. Una
    pequeñita, de aproximadamente seis años, me miraba con los ojos muy abiertos,
    probablemente nunca antes había visto un hábito de monje. Le dije: “¿Cómo estás?”
    Durante un rato no pudo contestar luego me miró y dijo: “¿Eres un ángel?”. Tenía
    seis años todavía se encontraba en el nivel de conciencia mágico, mítico, el mundo
    de Harry Potter.

    Me enseñó que meditamos cualquiera sea el estado de desarrollo que hayamos
    alcanzado. No debes esperar a ser santo para meditar. Podemos construir esta
    práctica contemplativa en nuestro viaje espiritual desde el principio. Y crecer con
    ella a través de las etapas del desarrollo humano.  Creo que sería muy interesante
    encontrar a esa niña dentro de diez o veinte años. Espero que la práctica de la
    meditación le permita desarrollarse intelectual, psicológica y espiritualmente sin
    perder la conexión con su inocencia y bondad innatas o con la tradición de su fe.

    Es seguro que los cristianos jueguen con elementos de otras tradiciones u otras
    religiones? Cuando meditamos usamos elementos como el gong, el badajo, una
    posición especial. Estoy seguro que los monjes del desierto no los usaban...

    Estos elementos son secundarios. Pueden ser importantes para crear un buen
    clima para la oración, eso es todo.
    Los monjes del desierto eran hombres muy simples. Pero estoy seguro que en sus
    celdas creaban un hermoso ambiente de simplicidad. El lugar donde rezamos
    debería ser limpio y tener algún símbolo sagrado. Pero no es necesario que uno
    este siempre en el mismo lugar. Cuando viajo a veces tengo que meditar en el avión,
    en la sala de espera, en el bus. No es lo ideal pero es una buena disciplina.
    Normalmente por supuesto que es bueno tener un lugar sagrado, peor creo que no
    es necesario un almohadón, no es necesario que uno se siente con las piernas
    cruzadas, ni siquiera es necesario tener una campana – aunque generalmente uso
    una. La mayoría de nuestros grupos de meditación cristiana usan sillas, tal vez
    usen una vela o una campana o música (que puede usarse para inducir a la
    meditación). Es importante no concentrarse en la estética de la meditación.

    ¿Pero porqué nos gusta usar elementos tomados del Zen, por ejemplo?
    Hans Urs Balthasar, el gran teólogo, dijo que en la teología cristiana nos hemos
    olvidado que la belleza es una manifestación de Dios –no solamente la verdad y la
    bondad. Entonces, donde hay belleza Dios está presente. Algunas de nuestras
    iglesias pueden ser realmente feas. Me decepciona entrar en un lugar de adoración
    que es feo porque cuando rezas te beneficias de la atmósfera de belleza. Ahora
    bien, por supuesto que la belleza es diferente para las diferentes personas.
    Encuentro bastante difícil meditar en un ambiente barroco. Prefiero la simple
    arquitectura monástica romana. Creo que esa es la razón por la cual algunos
    cristianos contemplativos se sienten atraídos por su diseño.
    Pero todos estos elementos solo ayudan a la preparación – es sólo la preparación.
    Cuando cierras los ojos es cuando el verdadero trabajo comienza.

    Estoy preguntándole esto porque en Polonia mucha gente teme a estos elementos
    del Zen. Dicen que usarlos es peligroso para la doctrina Católica
    Debemos cuidarnos de la xenofobia espiritual. El miedo y la ignorancia con
    frecuencia van juntos. La violencia religiosa puede ocurrir cuando condenas a otras
    personas sólo porque tienen creencias diferentes y no entiendes lo que creen. Si
    queremos ser buenos católicos deberíamos escuchar las enseñanzas de la Iglesia.
    ¿Y qué nos dice la Iglesia? Nos dice que la Iglesia no rechaza lo verdadero y santo
    en otras religiones.

    Hay verdad y santidad en otras religiones y nosotros debemos respetarlas. El
    mismo documento del Concilio Vaticano nos dice que de alguna manera misteriosa
    Cristo se ha unido en Su labor salvadora con cada ser humano. Estas dos ideas son
    la base de la enseñanza de la Iglesia sobre la importancia del diálogo interreligioso.
    Y la Iglesia Católica está liderando el diálogo. Pero nos encontramos todavía en las
    primeras etapas y todavía estamos aprendiendo lo que significa este diálogo y
    como forma parte de la misión Cristiana.  Este diálogo es muy importante para el
    mundo y el Papa Benedicto ha acentuado su importancia desde el inicio de su
    pontificado. La base de este diálogo no es sólo intelectual o filosófica. Si podemos
    acercarnos al diálogo con otras religiones desde la base de nuestras propias
    tradiciones contemplativas, entonces el diálogo sería mucho más rico. Porque
    estaríamos ingresando al terreno de los intereses comunes de la humanidad que
    no tiene nombre – es el misterio que llamamos Dios. Lo describimos y lo
    entendemos en forma diferente, pero si los cristianos creemos que existe un Dios
    que nos ha creado a todos, entonces creemos que Dios es común a toda la
    humanidad. Y esa debe ser la base para un mundo que se globaliza rápidamente.
    Necesitamos una espiritualidad que respete y guíe el proceso de globalización. En
    eso debemos concentrarnos. Ninguna otra cosa puede darnos esa mente en común
    que necesitamos para resolver nuestros problemas radicales, ya que
    intelectualmente, simbólicamente, filosóficamente, teológicamente tenemos
    diferencias muy importantes. Esto no significa que nadie esté creando una religión
    mundial Tiene tanto sentido como un idioma universal! Pero deberíamos tener una
    espiritualidad global que se expresara directamente de dos formas: recuperación
    de la comprensión del silencio como la condición de nuestra experiencia de Dios y
    en segundo lugar, la compasión y la acción cooperativa que necesitamos para
    aliviar el sufrimiento y fomentar la justicia, la preocupación por nuestro medio
    ambiente, por la pobreza global, la crisis ecológica y los derechos humanos. Esto
    lleva a, y emerge de una espiritualidad global que puede formar un nuevo tipo de
    responsabilidad globlal.

    Si, ¿ pero como podemos meditar si no vivimos en un monasterio sino en un mundo
    lleno de problemas, con presiones del trabajo y otros tipos de estrés e inseguridad?
    Primero, no creo que cada monje en cada monasterio esté meditando! Los
    monasterios también pueden ser lugares muy  animados y muy estresantes! Los
    monjes viven la vida que Dios les llamó a vivir y lo hacen tan bien como pueden, pero
    son seres humanos. Pueden distraerse con sus trabajos, con la política interna de
    sus monasterios y con sus problemas personales. Yo me hice monje porque sentí
    que debía hacerlo; en realidad no tuve opción. Y también soy lento para aprender de
    manera que necesité de disciplina dentro de una estructura. Pero sólo uno en un
    millón –o menos- debe ir a un monasterio. El resto debe encontrar un modo de vivir
    la vida con una dimensión contemplativa mientras acepta al mismo tiempo sus
    circunstancias de familia y trabajo. Enfrentar los problemas y las distracciones del
    mundo. Pero cada uno debe encontrar el equilibrio personalmente. Ninguna vida es
    completamente activa o completamente contemplativa. Una disciplina simple y
    moderada de meditación puede ayudar a lograrlo.

    Cada día, durante media hora de meditación por la mañana, tal vez debas levantarte
    más temprano antes que los niños se despierten. Y cada noche, después del
    trabajo – pero no demasiado tarde porque estarás demasiado cansado- pasa media
    hora en meditación: practicando los elementos esenciales de la contemplación que
    son el silencio, la quietud y la simplicidad. Esto ayuda a desarrollar otros modos de
    oración y otros aspectos de la vida espiritual. Desarrolla un modo de vida
    contemplativo. Puedes dejar de ver tanta televisión o de malgastar el tiempo
    innecesariamente. Puedes descubrir que puedes permanecer más calmo bajo
    estrés y por lo tanto puedes encontrar tiempo para la oración y la reflexión cuando
    antes pensabas que no era posible. Si estás practicando esta disciplina de dos
    veces al día, tu vida cambiará. Cambiarán tus prioridades, como equilibras tu
    trabajo con tu esparcimiento, tus viajes, tu tiempo en casa – toda tu vida. Como
    vives tu matrimonio, tus relaciones y responsabilidades sociales. El modo en que
    gastas tu dinero, en que pasas tus vacaciones, lo que decides aceptar de la
    televisión, de internet o de las revistas. Estas son áreas de cambio. Ellas cambian
    por tu práctica de silencio, la simple práctica diaria de la meditación que nos trae
    claridad y pureza de corazón. En realidad es sorprendente cuanto se cambia con
    esta simple práctica.


    Laurence Freeman OSB es director de The World
    Community for Christian Meditation
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB
Entrevista en Polonia
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