LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Eucaristía en memoria de John Main | Catedral de Westminster
    Homilía de Laurence Freeman OSB
    29 de diciembre de  2007

    Muchos son necesarios para plantar la Palabra y muchos para regarla. La difusión de la
    fe, el aumento en la población así lo demandan. La gente de Dios en el pasado que sólo
    tenía un altar necesitaba sin embargo muchos maestros. Cuanto mayor son hoy en día
    las necesidades del creciente número de naciones, para cuyos sacrificios ni el Líbano
    mismo puede proveer suficiente leña.

    Si no fuera por la referencia al Líbano como proveedor de leña podríamos pensar que
    estas palabras de Thomas Becket son contemporáneas. La población del mundo está
    creciendo (en un número de 211.000 personas por día y en un tamaño equivalente a
    Alemania cada año). Las iglesias son dolorosamente concientes de la necesidad de
    plantar la semilla de la palabra viviente de Dios y de cuan difícil les está resultando
    hacerlo. Sabemos cuantos maestros de sabiduría necesitamos.

    Hoy venimos a este sitio sagrado, una de las iglesias madre de los cristianos ingleses
    para celebrar la vida y la enseñanza y la continua influencia de uno de lo maestros a
    quien Dios hizo nacer en nuestro tiempo para ayudar a satisfacer estas necesidades
    urgentes.

    John Main nació aquí en Londres en 1926 pero sus raíces de fe están profundamente
    arraigadas en la tradición Celta, atesoraba tanto su amor por Irlanda como su
    ciudadanía global que fue adquiriendo a través de los años. De niño cantó alabanzas al
    Señor en esta catedral, como miembro del coro. En el curso de sus 56 años
    experimentó muchos aspectos de la vida y muchos roles – fue estudiante, soldado,
    diplomático, abogado, profesor y finalmente se encontró realmente consigo mismo
    perdiéndose a si mismo como monje. Y fue como monje que descubrió el don de la
    enseñanza y el mensaje especial que le había sido dado para compartir y que por cierto
    compartió de modo tan rico- con sus compañeros de peregrinaje.

    Proféticamente comprendió las necesidades y la crisis de la cristiandad moderna –
    cómo necesita volver a hundirse en sus raíces contemplativas para poder extenderse
    hacia el mundo – un mundo que cambia tan rápidamente que su propia velocidad de
    cambio ha dislocado y desarraigado de su cultura y de su fe a varias generaciones.

    Era un hombre de tradición pero entendía a la tradición en términos de raíces y por eso
    fue una figura religiosa drástica, a su manera, una figura religiosa revolucionaria de
    nuestro tiempo. Comprendía las señales de los tiempos – como hijo del gran Concilio –y
    advirtió que las viejas formas y estructuras necesitaban ser revisadas y ajustadas con
    coraje a la espiritualidad de la nueva etapa de la historia en la que habíamos entrado.
    Para él – como para los monjes del Desierto Cristiano de los que había aprendido -  esto
    significaba redescubrir el poder de la oración como un modo de transformación
    personal interior. Significaba darse cuenta que toda oración lleva a la contemplación que
    es la meta máxima de la vida humana.

    Cuando la iglesia de los primeros tiempos se confrontó con las instituciones del mundo
    pagano descubrió que no las podía convertir. Si tiraban un templo, destruían las
    estatuas y mataban a los sacerdotes, otro templo sería construido en otro bosque
    sagrado y los viejos ritos recomenzarían. De manera que en forma pragmática y tal vez
    inevitable- la iglesia cambió su política. Convirtió los templos en iglesias, re contrató y
    retuvo a los sacerdotes, y convirtió a los viejos dioses en nuevos santos. Se fundió en
    vez de competir. Así comenzó la rica y maravillosa era del Cristianismo. Pero nosotros
    que vivimos al final del Cristianismo bien podemos preguntar que profundo es el actual
    proceso de conversión. ¿Cuán profundo, en realidad, se hundió la semilla de la Palabra
    en la tierra de la mente occidental? ¿Cómo es que esta gran tradición fue tan vulnerable
    a las nuevas ideas, a la ciencia, a la tecnología, tan resistente a la democracia, al
    individualismo y a la modernidad y finalmente tan indefensa frente al consumismo?

    John Main no se lavó las manos frente a la crisis de la cristiandad moderna, El es una
    poderosa figura de esperanza, un maestro de confianza y de coraje, porque él
    comprendió que – en realidad – la Cristiandad no estaba colapsando sino que estaba
    cambiando hacia una forma nueva y más profunda de espiritualidad. Uno podría decir
    que recién está comenzando. Pero él advirtió que este renacimiento no debía
    preocuparse por rescatar o apuntalar estructuras viejas y débiles, sino, en palabras de
    San Pablo con cuyo espíritu el resonaba tan dinámicamente, pudo decir:

    ´ No se adapten más a los patrones de este mundo presente, permitan que sus mentes
    sean rehechas y toda su naturaleza sea transformada de esta forma´.

    El Padre John solía decir que sólo tenía una cosa que decir. Poseía el genio de la
    simplicidad y era un gran comunicador de ideas profundas, de manera que condensaba
    esta sola cosa al decir la pequeña palabra – “di tu mantra” resume su mensaje. Pero si
    piensas que esto es demasiado simple recuerda como él lo ubicaba dentro de un
    contexto y cuan exigente es la simplicidad.

    La meditación no remplaza otras formas de oración. Las revitaliza – la oración del
    corazón refresca la oración de las escrituras, la liturgia y la devoción. Es el resguardo
    contra la superstición, la rigidez y el ritualismo vacío. El dice que la meditación no es una
    técnica, es una disciplina. Dí tu mantra y confórmate con decirlo y luego vive las
    consecuencias de decirlo. Lo simple no es sencillo.

    Detrás de esta enseñanza maravillosamente práctica y universal se encuentra toda la
    tradición contemplativa del Cristianismo y la propia visión de John Main que la crisis del
    mundo moderno demanda de una solución espiritual. Esto no quiere decir que sea una
    solución esencialmente religiosa aunque John Main comprendió que la religión es una
    parte intrínseca de la naturaleza humana. También comprendió que la religión, sin una
    espiritualidad profunda y contemplativa, era peligrosa.

    La religión es constructiva y liberadora siempre que sea portadora del espíritu
    contemplativo, siempre que sea un medio de transformación personal y colectivo. Lo
    que necesitamos para resolver nuestros problemas, recobrar nuestra humanidad y
    nuestro equilibrio es una nueva conciencia contemplativa que nos guíe hacia “una nueva
    santidad, propia de nuestro tiempo”, la cual Simona Weil previó.

    Desafortunadamente esto no puede ser legislado. No puede ser impuesto. No puede
    siquiera ser enseñado. Debe ser comprendido, introducirse en él como una gracia, un
    don puro. Debemos recibir este regalo. El Padre John decía que la meditación era el
    modo d aceptar el regalo de nuestro ser - y podríamos agregar, usando el lenguaje de
    algunos teólogos contemporáneos, podríamos convertirnos en “dadores con dones”.
    Los que reciben deben compartir, Los que aprenden deben enseñar. Esto explica porque
    estamos hoy aquí, grupos y centros de tantas partes del mundo. Para decirlo
    simplemente, como John Main tenía el don de hacerlo. La meditación crea una
    comunidad, no un club, ni una institución sino una comunidad.

    Muchos de los aquí presentes hoy guiamos pequeños grupos de meditación. Hay un
    grupo diario que se reúne a la hora del almuerzo aquí en la catedral y también grupos
    que se reúnen una vez por semana por la noche, Algunos de nosotros somos oblatos
    Benedictinos de la Comunidad Mundial – meditadores comunes que han encontrado en
    el espíritu del Benito una forma de “vivir las consecuencias” del diario peregrinar al
    corazón. Muchos de ustedes son maestros y han descubierto que la simple enseñanza
    de la meditación resuena en forma hermosa en la mente simple del niño y ayuda
    también a simplificar la complicada turbulencia de la adolescencia. En la universidad
    Jesuita de Georgetown en Washington, el nuevo Centro John Main de Meditación y
    Diálogo Interreligioso tiene dos períodos diarios de meditación para los estudiantes en el
    medio del campus.

    Muchos de ustedes guían o participan en grupos en parroquias, ayudando a renovar
    esta unidad esencial de la comunidad Cristiana por medio de la dimensión contemplativa
    que toca cada aspecto de la vida parroquial, las estructuras, la liturgia y el ministerio.
    Unos pocos de ustedes están ordenados y saben que si el ministerio debe ser servicio
    debe estar arraigado en una profunda oración personal.

    Algunos de ustedes se encuentran en el programa de Recuperación de los 12 Pasos y
    han descubierto más completamente la gracia que acompaña a la adicción al entender
    mejor el significado del paso 11 – aumentar el contacto conciente con Dios a través de
    la oración y de la meditación.

    Algunos de ustedes cargan con pesadas responsabilidades en los negocios, las
    finanzas, las profesiones o la vida pública y conocen la manera en que deben aceptar
    esa responsabilidad en beneficio del propio balance interno y de la salud espiritual si
    deben cumplir con esas responsabilidades de manera adecuada.

    La mayoría de ustedes se encuentran respaldados por el sacramento del matrimonio y
    han aprendido de John Main que la soledad propia, el cuarto interior de vuestro corazón
    debe ser respetado si la capacidad para relacionarse con vuestro cónyuge o hijos va a
    crecer.

    Algunos de ustedes trabajan para la paz y la justicia, buscando resolver los conflictos
    sin violencia y han descubierto que solamente una conciencia contemplativa puede
    lograrlo.

    Si se encuentran envueltos en el dialogo interreligioso ustedes saben que la meditación
    abre el terreno común donde puede construirse solo la amistad verdadera y perdurable
    para sobrevivir a los problemas de diferencias y a la historia de las divisiones. Al cuidar
    de los moribundos, en las profesiones como la medicina o la terapia, algunos de ustedes
    han aprendido que la práctica diaria de la meditación los mantiene abiertos, frescos y
    renueva su capacidad de escucha y atención.

    En otras palabras la meditación es nuestro pan de cada día. Obtenemos este sustento
    de un pozo de infinita profundidad, más profundo de lo que nuestros más grandes
    pensamientos o nuestros más poderosos sentimientos puedan alcanzar o expresar.

    De modo que hemos venido aquí para rendir homenaje a un maestro que ha enseñado a
    muchos otros maestros y quien coherentemente señaló más allá de sí mismo y de su
    propia personalidad a Jesús como el maestro de maestros. “No llamen a nadie su
    maestro excepto a Cristo”. Agradecemos a Dios por lo que ha llegado a nosotros a
    través de John Main y por lo que continúa fluyendo a través de él hacia la renovación de
    la iglesia y del mundo. Celebramos el hecho de que su personalidad no estaba aislada
    sino integrada – aquellos que lo conocimos también supimos mejor lo que significaba la
    santidad. El estaba profundamente integrado con Dios en el mismo amor que lo creó y lo
    inspiró y que fue la sed y el hambre que lo motivó.

    Sus dones humanos de personalidad, liderazgo, inteligencia e imaginación fueron
    transformados por ese amor a lo largo de toda su vida. Por lo tanto vemos en él, como
    en todas los santos, no solamente un objeto de nuestra admiración sino nuestro propio
    potencial y significado verdadero. Verlo, escuchar sus palabras leer sus libros, nos
    ayuda a germinar la semilla de la contemplación en nuestros corazones y esto nos lleva
    más cerca de la totalidad del ser, de la verdadera santidad, más allá de nuestro
    temores, nuestro enojo, nuestra duda o auto rechazo.

    Esto es lo que celebramos. Pero una celebración no es un triunfo. Una celebración
    Cristiana no pierde de vista la debilidad en la que debe manifestarse el poder de Dios. Un
    aspecto de la debilidad es nuestra vulnerabilidad a los accidentes. Un accidente que
    significó que los cuadernillos para la Celebración de hoy no pudieran ser entregados a
    tiempo. El accidente del cáncer que se llevó a John Main en la plenitud de su vida.
    Nuestros grupos, aunque están creciendo, son frágiles y generalmente pequeños.

    Nuestra comunidad, aunque se expande en nuevas partes del mundo, es frágil en
    estructuras administrativas. A veces esta debilidad y la mortalidad de la condición
    humana pueden entristecernos. John Main aprendió a aceptar su destino de una muerte
    temprana y convertirlo en un destino de gracia que se irradió a las vidas de los demás,
    pero el también cargó, como probablemente lo hacemos la mayoría de nosotros, con
    una cierta sensación de fracaso y decepción.

    Esta debilidad es también parte de nuestra celebración – ¿qué otra cosa significa la
    Eucaristía? Y recordar esto es parte de la humilde, a veces (si resistimos la humildad)
    humillante renovación del Cristianismo de que hablábamos anteriormente. Es
    esencialmente la humildad de Cristo que reduce todo orgullo humano. La humildad del
    mantra y de nuestra meditación diaria. Por supuesto que este modo de meditación no es
    el sendero de todos. Hay otros caminos. Pero si te sientes llamado a éste es necesario
    que lo adoptes con un compromiso de corazón. John Main nos desafía – porque este es
    un camino que va junto con otros a que sirvamos al Cuerpo de Cristo y a que hagamos
    nuestra parte.

    Los pasados 25 años nos hicieron dar cuenta de como Dios trabaja maravillosamente a
    través de maestros individuales – y cada uno de nosotros está llamado a ser un canal de
    gracia para los demás. Mirando la historia de la Comunidad Mundial y su dirección actual
    vemos el poder de Dios operando a través de la debilidad humana lo que significa
    simplemente que nosotros estamos celebrando el trabajo de Dios y no simplemente el
    de John Main. Y si realmente podemos darnos cuenta de esto, entonces John Main
    estará feliz y se nos unirá en la celebración con su gran don para comunicar la alegría
    del Señor Resucitado.

    Laurence Freeman OSB
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB
Leer el original en Inglés
con comentarios de los
asistentes a la Misa.  Por
favor pulsa
aquí.
Donativo
para ayudar a la Comunidad