LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
La Meta de la Vida
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    En mi libro “Jesús, el Maestro Interior”, tomo la pregunta central de Jesús, “Quién
    dicen ustedes que soy?, y exploro los diferentes aspectos de esta pregunta. En estos
    extractos de ese libro, del capítulo 10, me refiero en particular a la experiencia de la
    meditación. ¿Cómo la meditación profundizando nuestra fe Cristiana, nos ayuda a
    escuchar y a responder a esta pregunta central de Jesús?

    2 Comencemos con ese versículo del Capítulo 9 de San Lucas, donde se nos formula
    esa pregunta.  “Un día en el que Jesús había estado orando a solas y cuando sus
    discípulos estaban con Él, les preguntó, “Quién dice la gente que soy?”. Ellos le
    respondieron, “Algunos dicen, Juan el Bautista, otros Elías, otros uno de los antiguos
    profetas que ha vuelto a la vida”. Y “¿Ustedes?”, el dijo, “¿Quién dicen ustedes que
    soy?”. Pedro respondió,  “El Mesías de Dios”. Luego el les ordenó terminantemente que
    no lo dijeran a nadie. El dijo. “El Hijo del Hombre debe padecer grandes sufrimientos y
    debe ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser
    condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Luego les dijo a todos “El que quiera
    seguirme debe renunciar a sí mismo y cargar su cruz cada día. El que quiera salvar su
    vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la salvará. ¿De qué le sirve al hombre
    ganar el mundo entero a costa de sí mismo?”

    3 Para poder decir quien es Jesús, necesitamos saber quienes somos nosotros
    mismos. De la claridad y profundidad de nuestro auto conocimiento depende cuan bien
    podamos verlo y reconocerlo en su ser espiritual.

    4 La meta de la vida- llámese cielo, nirvana, liberación, salvación o iluminación-es saber
    completamente quienes somos. La auto trascendencia es el camino al auto
    conocimiento. En este estado el centro de la conciencia no reside más en el ego. Desde
    el más profundo centro de nuestro verdadero ser, somos más concientes de lo que nos
    une a los demás, a pesar de nuestra unicidad, que de los que nos separa de ellos. No
    existen muchos dioses, sino un solo Dios, no existen muchos seres individuales sino
    solo Uno, Verdadero “Yo Soy” en el que todos los seres comparten el acto de Ser.

    5 No perdemos nuestra identidad individual cuando nos conocemos a nosotros
    mismos, sino que la trascendemos. Nos liberamos de sus ilusiones de autosuficiencia
    y egocentrismo. Esta individualidad se pierde dejándola ir. Entonces el verdadero Ser se
    hace claro. No existen muchas iluminaciones individuales, como puede imaginar el ego,
    sino una sola gran iluminación del Ser en la que participamos todos. Y no existe una
    definición del ser única y universal, porque el auto conocimiento no puede
    encapsularse dentro de ningún concepto o imagen mental ni dentro de ningún suceso
    psíquico o psicológico. Esta falta de definición puede significar la luz que ilumina la
    comprensión de lo común y corriente y que despierta el auto conocimiento.

    6 El proceso a través del cual surge el auto conocimiento incluye todos los aspectos de
    nuestra experiencia de vida. Todas las formas de amor, y todas las relaciones, trabajar
    y jugar, el crecimiento físico, mental y psicológico, la creatividad y la frustración, el bien
    y el mal, el vicio y la virtud, el dolor y la alegría, perder y ganar- todo invita a la auto
    trascendencia que conduce a la liberación de nuestra habitual inmersión en el ego.

    7 Para relacionar entre si todas estas experiencias y hacerlas completamente
    conscientes, todas las tradiciones religiosas han reconocido el valor fundamental de la
    meditación. Es decir la simplificante práctica del silencio y la quietud, de la inacción
    más allá del pensamiento y la imaginación, el apaciguamiento de las actividades dela
    mente. Incorporada la vida diaria, la práctica de la meditación armoniza e integra al
    espíritu todo lo que pensamos y sentimos y todo lo que decimos y hacemos.

    8 La palabra meditación ha adquirido distintos significados en la tradición occidental.
    La meditación de los monjes del Desierto simplemente significaba una oración del
    corazón, algo así como rumiar o repetir un trozo de la escritura o la Palabra. Para el
    siglo diecisiete se había convertido en un método organizado de oración cerebral que
    empleaba análisis intelectual e imaginación visual. En el oriente también existen
    diferentes clases de meditación pero ellos se refieren a ella como una práctica no
    discursiva más allá del pensamiento y la imaginación. Aquí estoy usando la palabra
    meditación en su sentido no discursivo, como sinónimo aproximado de contemplación.
    Uno podría decir que la meditación es el trabajo que nosotros hacemos para aceptar el
    don de la contemplación que nos ha sido dado y que esta presente en el corazón.

    9 Tanto en la tradición oriental como en la occidental, la meditación (o contemplación)
    es conocida como un trabajo fundamental, una disciplina constante en el peregrinaje
    del crecimiento espiritual. En cierto sentido es al mismo tiempo el medio y el fin. La
    meditación reconcilia las contradicciones y los opuestos que componen el espectro del
    ser humano. La oración es la terapia más profunda, la terapia primaria de la condición
    humana sufriente. Por lo tanto la meditación (“la oración pura”) no es una práctica de
    elite para los espiritualmente avanzados. Es la forma natural de rezar.

    10 La meditación tampoco es el escape del narcisismo al que llaman los posters de
    propaganda a los estresados trabajadores occidentales (y cada vez más estresados
    trabajadores orientales). El viaje espiritual implica la necesidad y el deseo de meditar.
    Es una práctica universal aunque cada individuo, como cada tradición espiritual, se
    apropia de ella de manera personal.

    11 La meditación no es una actividad para el ocio- aunque lleva tiempo y requiere
    relajación. Desde una perspectiva espiritual te relajas para meditar más que meditas
    para relajarte.

    12 Puedes sobrevivir sin la meditación. Pero es el viento para la vela del alma. Si vivir es
    más que sobrevivir, si la vida se trata de crecer, de florecer, de integrarse, entonces la
    meditación es necesaria. Es un trabajo que armoniza las usualmente discordantes
    dimensiones de nuestra conciencia.

    13 Todas las tradiciones están de acuerdo con sus frutos. Ellos necesitan poca
    definición o defensa: compasión y sabiduría, generosidad y tolerancia, perdón y
    amabilidad, suavidad y paz, alegría y creatividad. En otras palabras, felicidad y simple y
    básica bondad humana. Al liberar estas cualidades potenciales, la meditación avanza
    en la causa de la integridad humana. Ilustra en la vida real que la santidad no sólo se
    refiere al interior. Ser bueno significa simplemente tener nuestras dimensiones
    internas y externas unidas. estar en armonía con nuestra naturaleza verdadera. Porque
    esa integridad es el espíritu, la meditación abre todo lo que hacemos a la dimensión
    espiritual. De esta forma, con la práctica regular, la meditación instala dentro de
    nosotros, entre nosotros, con los demás y con todas las actividades de nuestra vida,
    una estabilidad profunda, satisfactoria y pacífica.



    Laurence Freeman OSB
    Extractos de su libro
    Jesús, el Maestro Interior.
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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