LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
La Oración del Señor
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    Sus discípulos una vez le pidieron a Jesús que les enseñaran a orar  como Juan el
    Bautista les había enseñado a sus discípulos. Como respuesta Jesús les entregó una
    colección de frases similares a las Dieciocho Bendiciones y al Quaddish de la liturgia
    de la sinagoga.

    "Padre nuestro, que estás el cielo. Santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu
    reino y que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos nuestro pan de cada
    día y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
    No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.”

    El “Padre Nuestro” resume todos los consejos de Jesús en cuanto a que la oración
    debe ser sincera, directa y breve. El es categórico en cuanto a que el dramatismo del
    ego debe ser abandonado. Algunos eruditos creen que traducido nuevamente al
    arameo original, esta oración es una colección de frases cortas, rítmicas que resumen
    el contenido y el estilo de las enseñanzas de Jesús en un estilo típico de los maestros
    rabinos de esos días. Las frases debían ser memorizadas y repetidas frecuentemente
    e interiormente. Desde el comienzo de la Iglesia innumerables crónicas acerca de la
    Oración del Señor han visto en ella la clave de su enseñanza sobre la oración y la han
    tomado como punto de partida para una teología más profunda sobre la oración.  Orar  
    el Padre Nuestro requiere más que la repetición mecánica de las palabras. Requiere
    conciencia. Algunos estudiosos han sugerido que el Padre Nuestro no se debiera rezar
    en menos de tres minutos. Simona Weil descubrió que su modo de rezar esta oración,
    que requiere atención a través de una fiel repetición, lleva a la quietud y el
    entendimiento.

    En el Capítulo seis del evangelio de San Mateo, el marco dentro del que Jesús enseña
    su formula también realza a la atención como la cualidad esencial de toda oración. Su
    enseñanza destila los elementos esenciales de la meditación. Jesús es un maestro del
    modo contemplativo. Ante todo, pone de relieve como la oración debe estar enraizada
    en la sinceridad del ser verdadero antes que en la autoconciencia del ego “Sean
    cuidadosos de no hacer un espectáculo de su religión ante los hombres, si lo hacen,
    ninguna recompensa les espera en la casa del Padre en los cielos.”  Cada vez que
    encontramos seguridad o sentimos placer en la aprobación de los demás la
    autenticidad de la oración se ve comprometida. Su motivación se vuelve impura. Las
    buenas acciones realizadas para lograr el reconocimiento público carecen de virtud.
    Para purificar el “terreno de nuestras súplicas", como dice la Madre Juliana, Jesús
    recomienda soledad e interioridad, la silenciosa intimidad y el escondido misterio de la
    oración del corazón: “Cuando recen, vayan solos a un cuarto, cierren la puerta y recen
    a su Padre que está allí en el lugar secreto, y su Padre que ve lo es secreto los
    recompensará.” Como un cuarto privado hubiera sido un gran lujo en tiempos de Jesús,
    su atención no se dirige tanto a la decoración doméstica sino a la orientación de la
    mente y del corazón en le momento de la oración. El enseñó que incluso las prácticas
    ascetas de la oración, como el ayuno, deben ser realizadas de modo discreto y
    modesto. No son modos solemnes de sentirse más santo o de regatear posiciones en
    una lucha para obtener lo que queremos de Dios.”Te daré dulces en Cuaresma si me
    ayudas a obtener el trabajo que quiero”. No son técnicas de control. Las disciplinas de
    la vida espiritual, dice Jesús, deben ser realizadas en silencio, con alegría e
    interiormente.

    Segundo, Jesús enfatiza la economía verbal para rezar. No debemos andar
    “parloteando como los paganos que piensan que cuanto más hablan hay más
    probabilidad de que se los escuche”. La cantidad y la duración no autentican la oración
    porque como él nos dice, “Tu Padre sabe lo que necesitas antes de que se lo pidas.” La
    oración no es informar a Dios sobre nuestras necesidades o pedirle que cambie de
    opinión. No estamos oponiendo nuestra voluntad contra la de Dios, ni diciéndole lo que
    debería estar haciendo. Una oración tan egocéntrica alienta muchas formas de
    comportamiento religioso neurótico, tales como rezar para vencer a otros o cumplir
    nuestras fantasías o deseos egoístas. Absurdos de este tipo comienzan cuando
    creamos un Dios a imagen de nuestro propio ego. Pueden continuar con el
    mantenimiento obsesivo de una relación de fantasía con el falso dios de nuestra
    creación. Dicho dios puede desarrollar una vida física autónoma tal como para
    cerrarnos a la verdadera divinidad cuando ella realmente se nos acerca. Esto puede
    ser espiritualmente tan peligroso como el modo en que el demonio del ego teje la
    ilusión de que habitamos una realidad personal separada e independiente de Dios.

    En las peticiones de la Oración del Señor, vemos como toda oración toca en las
    relaciones humanas nada menos que la raíz de la relación de Dios con el hombre. La
    oración muestra la singular red de la conciencia que comprende el conocimiento de
    Dios, el auto conocimiento y la relación con los demás. Si no perdonamos a aquellos
    que nos han ofendido nunca podremos sentirnos perdonados ni podremos liberarnos
    del miedo de que Dios nos castigue por nuestros pecados.

    Las enseñanzas de Jesús sobre la oración enfatizan en tercer lugar el desapego
    completo de las preocupaciones materiales. No podemos servir al mismo tiempo a Dios
    que es Espíritu y al dios del materialismo. Y entonces Jesús dice, cuando recen, “Les
    pido que dejen a un lado sus preocupaciones acerca del a comida y la bebida
    necesarias para vivir y la ropa para cubrir sus cuerpos.” En la Galilea de los tiempos de
    Jesús, probablemente el se estaba dirigiendo no a una banda de campesinos
    hambrientos sino a una audiencia próspera y sofisticada. No es lo mismo decirle a los
    que están hambrientos que no se preocupen por la comida que decírselo a los ricos. La
    preocupación por los asuntos materiales no significa hacer caso omiso de las
    necesidades básicas de la vida. Necesitamos comer y beber. El problema es identificar
    la verdadera felicidad personal con lo que va extravagantemente más allá de las
    necesidades básicas. De acuerdo con las enseñanzas de Jesús, liberarnos del deseo y
    del miedo y desarrollar la confianza interna y externa, son las condiciones de la oración.

    El cuarto gran énfasis de su enseñanza: la atención pura al poder de Dios en el centro
    de toda realidad queda resumido en estas memorables palabras:
    “Pongan su mente en el reino de Dios y su justicia antes que en cualquier otra cosa, y lo
    demás se les dará por añadidura” La toma de conciencia de esta realidad nos guía al
    dinámico peregrinaje al corazón de la oración, al portal de la oración continua, dentro
    de la quietud del aquí y la paz del ahora. El nos dice: “Entonces, no se preocupen por el
    mañana, el mañana se ocupará de sí mismo.”

    Hay muchos otros dichos e historias de Jesús que dan más detalles acerca de las
    imprescindibles enseñanzas sobre la oración del Sermón de la Montaña. Con
    frecuencia, por ejemplo, él recalca la necesidad de perseverar en la oración y en el
    poder que ésta tiene para mover la montaña del ego y hacer germinar la semilla interior
    del Reino. También habló de rezar “en mi nombre” una frase que significa “a mi
    manera”. O “en la forma en que yo lo hago”.  El Sermón de la Montaña resume la
    oración como una práctica espiritual que trasciende el egoísmo y por lo tanto disuelve
    el miedo y transforma el deseo. Combina la interioridad, la simplicidad, la confianza, la
    atención y el ser y estar en el momento presente.



    Laurence Freeman OSB
    Extractos de su libro
    Jesús el Maestro Interior
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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