LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
La meditación y la Enseñanza del Señor acerca de la
Oración
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    En la Oración del Señor, encontramos la principal enseñanza de Jesús sobre la
    oración.

    ¿Cómo podemos practicar lo que Él enseñó? ¿Cómo podemos poner todo esto en
    práctica en forma simultánea y natural? Hay muchas formas de oración: petición,
    intercesión, alabanza, lectura de la escritura, liturgia y adoración, práctica discursiva,
    devocional y carismática. Podemos rezar solos mientras caminamos por el campo al
    contemplar la naturaleza, o asistiendo en una catedral a un servicio solemne con
    coro, incienso y sermones. Podemos rezar agradeciendo por un nacimiento feliz, con
    dolor por una muerte en paz, anonadados por una desgracia, distraídos, la mayor
    parte del tiempo. Todas las formas de oración son válidas, todas son efectivas a su
    modo siempre y cuando procedan de un corazón sincero.

    Sin embargo, la oración común de los Cristianos ha sufrido la pérdida de su
    dimensión contemplativa. Sin esta dimensión contemplativa todas estas diferentes
    formas de rezar tienden a establecerse en una órbita alrededor del ego de la persona
    que reza. Esta fue mi propia experiencia y me llevó a sentir una creciente
    insatisfacción con cualquier tipo de oración, un sentimiento de estar aburrido de
    Dios, un sentimiento de falta de autenticidad. Sin la dimensión contemplativa
    cualquier forma de oración corre el riesgo de transformarse en algo meramente
    formal: ritual, neurótica, compulsiva, auto indulgente, exactamente en aquello contra
    lo que Jesús nos previene en el Sermón de la Montaña. Dichas formas de oración
    pueden degenerar en apenas algo más que en modos para un grupo de relación
    consigo mismo, o modos que le permitan a un individuo hacer un poco de auto terapia
    para aliviar el estrés de su vida. Pierden su trascendente potencial en el Espíritu, y
    pierden contacto con esa comunión con las raíces amorosas del ser que Jesús llamó
    su Padre y nuestro Padre.

    Nadie puede juzgar la calidad de la oración del otro pero los frutos de la oración son
    auto evidentes. Si nosotros rezamos como Jesús nos enseño, viviremos como Él nos
    enseñó. Esto resultaba muy claro para los primeros Cristianos que decían “ El modo
    en que vives es el modo en que rezas”. Si la oración no marca una diferencia, - si
    primero de todo no cambia al que reza – entonces algo anda mal.




    Laurence Freeman OSB
    Extractos de su libro
    Jesús el Maestro Interior
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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