LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Mejor que ganar la lotería
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    El otro día estuve hablando con un meditador. Me sorprendió bastante que a la edad de
    21 años hubiera respondido tan profundamente a la meditación, que la hubiera
    entendido y que hubiera empezado a practicarla de un modo tan serio. El no decía,
    como muchos de nosotros cuando empezamos a meditar, “no lo estoy haciendo muy
    bien”. No estaba experimentando ningún tipo de culpa cristiana por hacerlo. Decía que
    lo estaba ayudando mucho. Lo estaba ayudando con sus saludables cuestionamientos
    religiosos por los que estaba atravesando, sus dudas acerca del entrenamiento
    religioso tradicional que le habían dado y el cual valoraba. Pero él se estaba
    cuestionando todo esto en forma saludable. Su meditación lo estaba ayudando. Pero
    también lo ayudaba a concentrarse, y a lidiar con las ansiedades de la adolescencia.

    Entonces le pregunté cómo había llegado a la meditación. ¿Había escuchado una
    charla sobre la meditación que lo había iniciado en el camino? El contestó que le
    gustaba la idea básica de estar en le momento presente. Entonces luego le pregunté
    qué lo había ayudado a perseverar. Me dijo que se había unido a un grupo de gente
    más grande y que un día estaba hablando con una mujer del grupo. Le había
    preguntado por qué meditaba, o cómo había empezado a hacerlo o algo por el estilo.
    Su respuesta fue, “Bueno, estaba pasando por muchas dificultades en mi vida y
    alguien me llevó a la meditación y empecé a practicarla. Luego me di cuenta que era
    un gran regalo. Me di cuenta que era mejor que ganarse la lotería. Y esa expresión que
    ella usó - “mejor que ganarse la lotería” –lo alcanzó y lo golpeó con toda la fuerza de
    una comunicación de fe. Y eso había profundizado y energizado su compromiso hacia
    la práctica que ya había empezado. Pienso que si prestamos atención a ese
    comentario y al diálogo entre este joven y el meditador más grande, eso nos dirá algo
    acerca de los frutos de la meditación y también acerca de cómo podemos compartir
    esos frutos. Ellos no existen para pudrirse en el árbol y no existen para que sólo los
    almacenemos en nuestra propia despensa. Existen para comercializarlos y
    compartirlos con otros. Para eso existen los frutos, ¿no es cierto?

    Primero, fue la pregunta sincera que este joven le hizo a la persona adulta en busca de
    la experiencia y la sabiduría que lo ayudaran. Y después, fue la respuesta. – esa
    respuesta muy simple, sencilla, humilde, que ella le dio al contarle un poco de su
    propia experiencia, cómo había llegado a la meditación y lo que significaba para ella. Y
    luego esa hermosa metáfora que probablemente San Pablo hubiera usado si hubieran
    existido las loterías en sus días -esa hermosa metáfora sacada de la vida diaria, no de
    la palabra de Dios, ni del lenguaje piadoso pero que lo golpeó con toda la fuerza de la
    experiencia y de la fe y de la autenticidad. Entonces ciertamente ese es uno de los
    frutos de la meditación, creo, la habilidad de compartir los frutos, la habilidad de hablar
    honesta y simplemente, de ser sincero. Básicamente la mujer sólo estaba siendo
    veraz y simple, sincera sin interpretar un papel de ningún tipo y usando un lenguaje
    sencillo para hacerlo.



    Laurence Freeman OSB
    Conferencia Anual en el Reino Unido, Escuela Oakham, Abril 2005
    © 2005 Usado con permiso.
    Comunidad Mundial de Meditación Cristiana
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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