Queridísimos Amigos: A medida que la Semana Santa va revelándose les estoy escribiendo desde nuestro retiro para jóvenes meditadores en la isla de Bere. En este momento no hay ninguna nube en el cielo y la luz diáfana está convocando a todos los ocultos colores sombras y texturas del mar, los árboles y las montañas. La naturaleza nos hace fácil creer que estamos en el viaje humano hacia la luz de Cristo, el Sol de la Resurrección que jamás se pone. Sin embargo, el servicio meteorológico nos previene acerca de la posibilidad de olas de frío y chaparrones (esto es Irlanda), precisamente como sabemos que nuestras vidas no pueden estar libres del sufrimiento. En nuestras conversaciones durante el retiro estamos examinando las tensiones que tenemos que soportar en la vida de cada día. ¿Cómo lograr el equilibrio entre los compromisos familiares y los tiempos de meditación o retiro? ¿Cómo lidiar con los desafíos a la fe que la Iglesia, en sus formas culturalmente condicionadas, nos pueda presentar y aún así seguir permaneciendo dentro de ella?¿Cómo interpretar las revelaciones esenciales de la doctrina Cristiana a la luz del idioma y de la experiencia moderna? El tiempo sagrado, como en el que hemos entrado esta semana nos da el margen para examinar estas tensiones, el espacio interior necesario para aceptar lo que parece inaceptable y equilibrar lo que parece insostenible. Durante estos próximos pocos días se nos otorgan el poder y la sensibilidad de responder a todo aquel espectro total de ser humano que la Pascua ejemplifica. Mañana con nuestra presencia en la Cena del Señor experimentamos la alegría y las tensiones de estar en comunidad, lavándonos los pies unos a los otros y aprendiendo lo que significa una relación fiel. ¿Preferimos optar por la seguridad que no nos permite crecer del individuo moderno atomizado? EL viernes enfrentamos la más profunda represión de nuestra psique, la realidad y el miedo a la mortalidad, el terror a la pérdida absoluta y al abandono. Aprendemos que al enfrentarlo podemos tocar un significado que abre una puerta a través de la cual debemos pasar, pero que aún es un pasaje hacia lo desconocido. El sábado descansamos sobre el horizonte de ese significado, equilibrados entre la pérdida y el descubrimiento. Estamos vacilantes y aún no convencidos, sin embargo no nos hemos cerrado a la posibilidad – la posibilidad que se eleva en la mañana temprano desde la nada de la tumba hacia la desbordante realidad de la vida nueva Permanezcamos en la comunión de la meditación durante estos días santos y sintamos la presencia de la comunidad aún a pesar de la distancia física y las diferentes zonas horarias que nos separan pero que no pueden dividirnos. Con mucho cariño, Laurence
(Te estaremos haciendo llegar los mensajes de Semana Santa a tu correo electrónico o puedes leerlos aquí)