LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Oración desprovista del ego - Oración pura
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    Nuestro ego no es nuestro ser verdadero. El ego es trascendido durante la oración
    pura. El trabajo de la oración pura es que nuestra falsa identificación con el ego vaya
    disminuyendo gradualmente y que el ser verdadero comience a emerger. Creo que
    fue Merton que comparó al ego con un tímido ciervo al que no le gusta salir del
    bosque, no le gusta que lo miren.

    Se puede ver muy claramente en las enseñanzas de Cassian, de los Padres del
    Desierto y de toda la tradición monástica, que la pureza de la oración reside en su
    “ausencia completa de ego”. Oración pura significa “sin ego”, “sin conciencia de uno
    mismo, sin autoanálisis”. La oración en la que analizamos lo que está sucediendo,
    observamos lo que estamos obteniendo, no es oración pura. Esa es la razón por la
    que la primera regla de la meditación es meditar sin demandas ni expectativas, y sin
    juzgar nuestra meditación de ningún modo, poder encontrar los frutos de nuestra
    meditación no en lo que sucede durante la meditación sino en nuestra vida como
    totalidad, en la transformación de nuestra personalidad. Es a esta clase de oración,
    donde el ego está ausente, a la que San Antonio se refiere cuando dice, citado por
    Cassian:” El monje que sabe que está rezando, no está rezando”. El monje que no
    sabe que está rezando, es el que verdaderamente está rezando.

    Observamos la misma concepción de la oración en la tradición Siriana. Los Padres
    Sirianos dicen muy simplemente: “Si debemos rezar, debemos perder mi oración.”
    Debemos ir más allá de “mi oración”, y al abandonar mi oración, entrar en la oración
    de Cristo. Es la oración de Cristo mismo. Todas las formas de oración, sean el Divino
    Oficio, cualquier forma devocional, aún la misma Sagrada Escritura, toda forma, ya
    sea un ritual o un método de oración, sólo es una preparación, o un recordatorio, o un
    incentivo o un aliciente para ir más profundo dentro de la pureza de la oración
    desprovista de conciencia de uno mismo, adentrándose en la oración de Cristo.

    Lo mismo sucede en última instancia con el mantra, la fórmula de Cassian. Llega un
    momento en que tal vez, dejamos de decir el mantra, cuando somos conducidos
    hacia el silencio puro, la simplicidad pura. Pero es muy importante para nosotros
    pensar en ser cautos en la forma de comprender esto.

    Recordemos la “pax pernicioso”y el “sopor letalis”, el sueño letal y la paz perniciosa.
    El propósito del mantra no es solamente guiarnos al silencio sino guiarnos más allá
    del ego, más allá de todo sentido del “yo”. Por lo cual una forma muy simple de
    describirlo sería :” Di tu palabra hasta que no puedas decirla más. No elegimos
    cuando dejar de decirla. Y tan pronto como te des cuenta que has dejado de decirla,
    entonces simplemente comienza a decirla nuevamente”. El problema ocurre cuando
    estamos meditando y llegamos a un estado de quietud. Puede ser que no haya
    distracciones. O tal vez hay muy pocas y sentimos mucha paz, y luego nos decimos:
    “Estoy en silencio, no necesito repetir más el mantra”. El problema, por supuesto, es
    que si decimos que estamos en silencio, estamos rompiendo el silencio. El
    pensamiento “Estoy en silencio” es una señal de que todavía no somos
    completamente simples, totalmente simples, todavía somos auto reflexivos. Y allí
    está la simplicidad radical de la enseñanza de Cassian, el porqué insiste en decir el
    mantra en tiempos de adversidad y de prosperidad.

    En la oración pura, existe una ausencia del “yo” como un ego separado, y aún una
    ausencia de Dios como objeto de percepción, es decir todas las ideas e imágenes de
    Dios. Esta es una descripción de la oración apofática, y toda esta tradición de oración
    pura se encuentra en la tradición apofática. En la Iglesia Ortodoxa Griega, la relación
    entre la oración apofática, (la oración que nos lleva más allá de las palabras y
    afirmaciones acerca de Dios) y la oración catafática (la oración en la que usamos
    palabras, pensamientos e imágenes), los pensadores ortodoxos creen que son dos
    formas válidas de oración, dos dimensiones, pero le dan prioridad a la oración
    apofática, que nos lleva más allá de las descripciones e imágenes de Dios.

    Por cierto que durante toda nuestra vida, cuando pensamos en la oración, debemos
    ver a la pobreza como nuestra meta de trabajo, la meta hacia la que estamos
    trabajando. Si tuviéramos que decir ¿Cuál es la meta de nuestra vida? probablemente
    diríamos “la liberación” o “la salvación” o “la iluminación”. Y diríamos que la
    renunciación es el modo de llegar a esta meta. Siempre parece que hay algo mal en
    eso.  Pero si lo damos vuelta, parece que hay algo muy bueno en ello. La meta es la
    renunciación y la liberación o la iluminación es el medio.

    En otras palabras, nunca tratamos de poseer la meta, nunca tratamos de hacer un
    objeto de Dios, nunca tratamos de ver a nuestro ser verdadero. Si la renunciación es
    la meta, si la pobreza es la meta, entonces hemos llegado: no hay duda de por que la
    pobreza de espíritu es la primera de las Beatitudes. Es en esa pobreza en donde
    encontramos alegría, porque la meta se hace realidad, nunca se alcanza. Este
    proceso de oración es el proceso de hacer realidad lo que es, no de hacer que algo
    suceda.

PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB
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