LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
¿Porqué estamos aquí?
Traducción por
Ana Inés Privitello
de Argentina
    Me gustaría hablar sobre la tradición monástica de la oración pura, de la Meditación
    Cristiana. Comenzaré con una oración de San Pablo que contiene la más profunda
    teología de la oración. Estas palabras de San Pablo expresan esa teología de modo
    muy hermoso en una oración que está dirigida en particular a la comunidad.

    ´Me arrodillo a rezarle al Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y
    en la tierra, que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la
    riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el ser interior, de modo que
    Cristo habite en sus corazones por la fe. Arraigados y edificados en el amor,
    sean fuertes para comprender, junto con toda la gente que pertenece a Dios,
    cual es la altura y la longitud y la profundidad y la anchura del amor de Cristo, y
    que lo conozcan, aunque supera todo conocimiento, para ser colmados por la
    plenitud de Dios´. (Ef. 3:14-19)

    ¿Por qué estamos aquí? Es una pregunta muy simple. Es una pregunta que
    deberíamos hacernos todos los días si vamos a vivir una vida de conversión. Le
    preguntaron a uno de los Padres del Desierto, “¿Qué es un monje?  ”Y su respuesta
    fue. “Un monje es alguien que se pregunta todos los días qué es un monje”. Todos
    nosotros estamos aquí porque tenemos que hacer el trabajo de Dios, debemos
    permitir que el trabajo de Dios se realice en nosotros. Esto es lo que San Bernardo
    llamó "el negocio del negocio" - el negocio básico, el trabajo básico.

    El trabajo del Cristiano, al igual que el del monje, es uno muy simple. Abrirnos al centro
    mismo de nuestro ser, a la fuente de nuestro ser. No en forma parcial, sino
    totalmente. No abrirse a ella por un tiempo, sino en forma permanente. El propósito de
    la vida de un monje es llegar a un estado de oración continua, de completa atención,
    llegar a un estado de apertura total a la oración de Jesús en nuestros corazones, a la
    simple unión de nuestra oración con la oración de Cristo. Este estado de oración
    continua es el propósito de nuestras vidas, no solo como monjes, pero también más
    profundamente como Cristianos e hijos de Dios.

    Este llamado a la oración continua es igualmente válido ahora como lo fue en el siglo
    4to en Egipto. Sin duda alguna,  los medios van a ser diferentes, y alguno de los estilos
    en que desarrollamos los medios serán nuevos. Pero lo medios esenciales, que son la
    oración y la ascesis de la oración y la simplicidad de la oración, deben ser los
    mismos, de otro modo no somos parte de la tradición.

    San Benito sabía muy bien que este llamado a la oración contemplativa, a la oración
    continua, no era un llamado abstracto. La regla de San Benito no es un tratado sobre
    la espiritualidad o la teología de la oración. La Regla trata de cómo llevar a la gente lo
    más rápido y lo menos dolorosamente posible a este estado de oración continua,
    llevarlos un paso más adelante.  San Benito, al igual que Buda, se dio cuenta que no
    llegamos a la oración continua por caminos extremos, sino a través de caminos
    medios, y por sobre todo a través del amor. Pienso que es por esto que la Regla de
    Benito está llena de detalles cotidianos, porqué describe las dificultades diarias de
    olvidarnos de nuestra propia voluntad. Ese es el primer paso, dice, y es por cierto el
    paso muchas veces repetido para llegar al estado de oración continua: abandonar
    nuestra propia voluntad, olvidarnos de nosotros mismos, trascender nuestros egos, ir
    más allá de vivir como seres aislados- aislados en nuestras heridas, en nuestros
    miedos, en nuestras fantasías, en nuestra vanidad, en nuestra ira, en nuestros celos.
    El propósito de la Regla , como el de toda la vida Cristiana , es salir de esas prisiones,
    librarnos de esas cadenas afectivas que nos aíslan, y entrar en un estado de
    comunión, que está simbolizado por el amor que nos tenemos unos a los otros y del
    que nos damos cuenta por ese amor que nos tenemos unos a los otros.

    Benito ve al monasterio como el taller de éste, el más humano de los negocios, la
    oración. Nada debe ser preferido al amor de Cristo, nada debe ser preferido a la
    oración, porque es en la oración y en el amor de Cristo en nuestros corazones, como
    nosotros volvemos una y otra vez a este primer paso básico de olvidarnos de
    nosotros mismos: “El que quiera seguirme debe olvidarse de sí mismo”. Tanto los
    Evangelios como la Regla y toda nuestra tradición, dejan muy en claro que si nosotros
    vemos este llamado a la oración continua como la esencia de nuestra vocación,
    nunca debemos perder de vista el primer paso de olvidarnos de nosotros mismos.
    Siempre debemos vernos como principiantes, nunca como expertos. No desear ser
    llamados santos antes de realmente serlo. Nunca pensar que somos expertos, y tal
    vez nunca pensar en ninguna otra persona como experta. Siempre está el primer
    paso a donde debemos regresar una y otra vez.

    Es por eso que principalmente dentro de la vida monástica, pero también en toda vida
    que sea una vida de oración, existe este elemento tan fuerte de la repetición, del
    ritmo, del ciclo, algo que se repite una y otra vez- la rueda de la oración que gira y gira ,
    pero no sin propósito, ni por pura repetición, gira con un ritmo de repetición que nos
    ayuda a avanzar como la rueda que girando una y otra vez mueve el auto o el vagón
    hacia delante.

    La oración continua significa trabajo continuo y estímulo continuo. Supongo que ésta
    es la dinámica psicológica de una comunidad- lo que nos da el estímulo continuo que
    necesitamos para permanecer con nuestra vocación fresca, para permanecer
    concientes que estamos dando los mismos pasos una y otra vez. Sin ese estímulo no
    creo que sea humanamente posible emprender esta jornada seriamente, en forma
    completa o alegremente, excepto tal vez, para uno en un millón .  Si estamos
    comprometidos, si hemos escuchado este llamado a la oración continua que nos lleva
    más allá de nuestro ego, estamos abiertos al aliento, estamos abiertos a la sabiduría
    de una tradición y estamos abiertos al amor y al apoyo de los demás.



    Laurence Freeman OSB
    a los Monjes de la Abadía GETHSEMANI, 1992
    © 2005 Usado con permiso.
    Comunidad Mundial de Meditación Cristiana.
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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