Sábado Santo - 2008
LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
    Queridísimos Amigos:

    El día de en medio.  El día después del funeral.  El día de bendecida e inusual
    soledad.    Cuando ha pasado lo peor, y se ha triunfado sobre la desesperanza.
    Como cuando ocurre la iluminación al cortar la madera, al acarrear el agua, al  
    hacer la lavandería.  Pero con una intensidad especial.

    ¿Cuándo podremos obtener lo que queremos?  ¿Por cuánto tiempo tendremos
    que esperar?  Así como el Eros busca lo inalcanzable, la fe tampoco tiene idea de
    su objetivo.  Y así, en lo que nos enseña este sagrado intermedio entre la muerte y
    la Resurrección, esperar no es intensificar el deseo tratando de hacer que el
    tiempo pase más rápidamente, pero es disolver las fronteras del tiempo
    permitiendo que la consciencia del presente se cuele y nos llene a la capacidad
    que hayamos podido lograr.

    Esta  mañana  y esta tarde meditamos solos o se formaron pequeños grupos
    espontáneos.  Soledad  y comunidad, libertad y disciplina, combinándose.  Una
    preciosa, espontaneidad inesperada con una libertad bien combinada que no
    podríamos soportar por mucho tiempo.  A las 6 nos fuimos a la iglesia de la isla
    para rescatarla de su desnudez.  Algunos llevaron arbustos florecientes que dan
    flores amarillas, otros llevaron narcisos, otros con fuertes convicciones,  
    decidieron donde colocar las flores o practicaron la música, entre cantos
    sencillos, a Celtas o a Leonard Cohen.  En la Isla Bere, en cualquier isla, como la
    vida flotando en el océano del otro.  

    Nos preparamos para las fiestas, o para las liturgias, muchas veces con mucha
    anticipación.  A veces es como la mitad de la diversión antes del evento final.  
    Cuando se acerca el día y la hora, así ocurre con el sentimiento de emoción, el
    saber que pronto llega algo del horizonte que esperábamos por un largo plazo.  
    Conforme se llega el momento, deseamos haber podido practicar más la
    paciencia.  Nos preguntamos porque hicimos o dijimos tantas cosas  que eran
    impacientes o con poca atención cuando lo que tenía que pasar, pasaría en su
    momento preciso.  Pero en la felicidad de su momento, nuestra falta de sabiduría
    es perdonada y esta desaparece en la luz de la aurora.

    La  meditación es paciencia apasionada.  Nos enseña que aun en la espera nos
    volvemos impacientes en el aquí y en el ahora.  No hay escape a lo que
    esperamos.

    Oh Feliz Falta.

    Con mucho cariño,



    Laurence
PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB
Traducción por
Lucía Gayón
de México y revisión por
María Rosa González
de Chile