LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
Triduo Pascual 2007
Traducido por
María Rosa González,
Coordinadora de Chile
    SÁBADO SANTO | DOMINGO DE RESURRECCIÓN|
    SÁBADO SANTO – Además de aprender a amar, el experimentar la muerte es la gran
    iniciación hacia la  vida. Al enfrentar la muerte todas las ideas, opiniones e imágenes
    con las cuales envolvemos el regalo de la vida, se desenvuelven. Vemos lo que está allí
    realmente y pocas veces es, lo que suponíamos. El tener una idea sobre algo, no es lo
    mismo que verlo directamente –  de eso se trata la iluminación. Para los Cristianos, la
    iluminación es la ‘nueva creación en Cristo’. No tiene nada de esotérico o de descubrir
    algún nuevo poder, sino simplemente despejar la visión. El ver las cosas tal como son,
    es ver a Dios y todo lo que se necesita, es un corazón puro.

    El Sábado Santo litúrgicamente simboliza esa gran expansión de tiempo y espacio
    entre un modo de saber  que la muerte es final –  y otra manera  de verlo,  la cual
    incluye la comprensión plena. La primera sensación es de pérdida absoluta. “Nunca
    mas lo veremos” y realmente no hay consuelo para esto porque es verdaderamente
    irreversible. Al menos no lo volveremos a ver del mismo modo ‘ en la carne’ el cual es
    el único modo que conocemos.

    Toda amistad verdadera – y toda clase de relación aspira a una amistad perfecta –
    evoluciona mas allá del miedo y de la propia consciencia. Se torna cada vez mas en
    sacramento. Tomamos tales regalos sin reconocerlos, eso es parte del regalo. Es un
    fruto que ha crecido y debe ser comido. Sin embargo, luego aprendemos que no es el
    fin. Después del fruto está la muerte, la cual debe separarse nuevamente antes que se
    realice la unión final. “Os conviene que yo me vaya” le dijo Jesús  a sus amigos. Y
    cuando acontece la re-unión, es algo nuevo, el espacio en donde dos  se encuentran –
    porque allí está una tercera presencia   el intermediario, quien estaba siempre allí, el
    invisible, el Espíritu Santo. Crecimos conociendo del  envío del Espíritu Santo o mas
    bien en  recibir el Espíritu,  el cual abre los ojos para ver todo lo que está realmente allí,
    así como todo lo que hemos malentendido.

    Lo mejor es lamentarse antes que llegue la muerte y la naturaleza a menudo nos da
    esta oportunidad si es que  podemos enfrentarla. Jesús trató de preparar a sus amigos
    para su partida, pero ellos no pudieron comprender quien era El, y por tanto difícilmente
    pudo prepararlos para cuando lo perdieran. De manera que estaban dispersos y la
    comunidad se separó, probablemente se mantenían juntos por las mujeres que
    esperaban lo que ellos desconocían.

    Alguien calculó que durante  nuestra vida, pasábamos dos semanas esperando en la
    luz roja del tráfico. Gran parte de la vida se evapora en absurdas e impacientes
    esperas en filas, esperando que la burocracia funcione, corrigiendo errores o
    haciendo  pequeñas cosas.  Muchos de los frutos de nuestro trabajo no son lo que
    planeamos y por tanto muchos sueños desaparecen. Esto es parte del significado del
    Sábado Santo. Sin embargo no tiene por que ser una pérdida de tiempo. Puede ser una
    espera santa, una iluminación sin la luz (esto es la fe y la esperanza), una ciega visión,
    en la cual simples actos de amabilidad en asuntos del diario vivir, nos dan suficiente luz
    de amor con la cual  vemos nuestro camino. Aceptando lo ordinario que se encuentra
    entra el Viernes y el Domingo, aceptando la quietud, manteniéndose en fidelidad a los
    compromisos aún cuando no sea tan novedoso, esto es la ascesis de lo ordinario y es
    la única cura para el aburrimiento condicionado de nuestra cultura.

    Ver es el tesoro sepultado en el campo de lo ordinario. La meditación es el
    descubrimiento y el volver a sepultarlo, el vender todo ‘por  gozo puro’ y el apropiarse
    del campo lo cual significa el hacer nuestra vida verdadera y únicamente nuestra.
    Cristo también está sepultado en el campo de la vida diaria. El Cristo sepultado nos
    puede confundir sobre que tipo de fe tenemos. ¿Estamos mirando hacia atrás al Jesús
    histórico o hacia adelante a una segunda venida? Estos son modos de ver un tanto
    confusos. Una visión clara para la cual nos prepara el Sábado Santo, es la visión de un
    corazón puro, conocimiento contemplativo. Al principio parece extraño porque la
    antigua estructura sujeto- objeto ha desaparecido para siempre. La mente reflejada en
    el espejo se hace pedazos con la muerte (como lo es con la meditación), la regresión
    infinita de dos espejos reflejándose uno en el otro, desaparece y también la imagen
    reflejada en éstos. Si veremos algo, ahora será de la manera como se ve a  Cristo
    Resucitado. Pero ¿cómo podemos describir esto sin utilizar el lenguaje que usábamos
    en la antigua manera de ver? Ahora en el Espíritu vemos al Cristo Resucitado  quien
    penetra al sujeto y al objeto, haciendo con los dos,  uno, pero  sin destruir a ninguno de
    los dos.

    Ver al Cristo Resucitado significa reconocerlo y esto sucede cuando estamos
    preparados. El aspecto de vida del Sábado Santo puede vivirse contemplativamente, en
    atención plena, como nuestra preparación para ello. Aprendemos a sentir su
    contemplación expectante. Porque nosotros también  estamos preparados por la
    experiencia de ser observados –  conocidos y amados – sólo por lo que somos. Este es
    el comienzo de la iluminación. La experiencia de Resurrección es la experiencia de ver.
    Es preparada por un largo período de ceguera, y una purificación del corazón ayudada
    por el conocimiento de que somos vistos. Esta es la actividad silenciosa del Sábado
    Santo. Y se mantiene tanto como sea necesario.

    DOMINGO DE RESURRECCIÓN – Al principio es extraño que se le de tan poco lugar en el
    Evangelio al elemento mas importante de la narración. No habríamos celebrado la
    Última Cena o la Crucifixión o haber pasado el vacío del Sábado, sino hubiera sido por
    la Resurrección. Aún así los Evangelios parecen tratar la Resurrección casi como una
    anotación al margen. El punto es que probablemente ellos y las comunidades para
    quienes eran escritos comprendían con claridad la importancia universal de la
    Resurrección. Daban como obvio que el significado de toda la historia viniera de ello.
    Todo en los Evangelios está empapado en la luz de la Resurrección. Los Evangelios no
    sólo hacen un caso. Ellos reflejan la verdadera vida de la comunidad que alimentan.  

    La experiencia de la Resurrección es real. Sucedió. Pero cuál era la física de ello, no lo
    sabemos. No fue observado y no puede ser descrito. Sin embargo puede ser visto por
    sus efectos y se sintió en lo profundo de nosotros mismos.  En el pensamiento Indio
    existen cuatro estados de consciencia: despierto, soñando, dormido sin soñar y el
    cuarto que es la iluminación, conciencia unificada. Este cuarto estado (‘turiya’) es
    conciencia pura, pero no necesariamente un estado separado, porque envuelve y
    penetra toda  conciencia. Quizás esto ayuda a comprender la experiencia de la
    Resurrección como algo que sustenta y penetra toda acción y pensamiento Cristiano.

    Las apariencias de  La Resurrección, tema de las lecturas litúrgicas en los siguientes
    días de Tiempo pascual, son narraciones extrañas. Enfatizan la parte física del Cristo
    resucitado. El puede ser oído, visto, tocado y se puede comer con el. Sin embargo no
    está atado por limitaciones materiales ordinarias. Y aún está en un viaje a través de
    este reino de percepción hacia la Ascensión, cuando pasa mas allá del reino de los
    signos, o quizás, entra en todo, de manera que todo es símbolo de El.

    ¿Cómo describen los Evangelios la ‘experiencia’ de los discípulos? En Mateo se nos
    dice que ‘Jesús les salió al encuentro’ y sus primeras palabras fueron ‘ no temáis'.
    Antes de desaparecer de su vista el les asegura que el estará ‘ con vosotros siempre,
    hasta la consumación del mundo’. En Marcos, el los reprende por su incredulidad y
    dureza de corazón, pero nunca por el abandono hacia él. En Lucas, les enseña a los
    peregrinos de Emaus, a comprenderlo en referencia a  las escrituras. En Juan tenemos
    la colección de narraciones mas enriquecedora, incluyendo las apariciones a María de
    Magdala, a Tomás y a los discípulos en el Mar de Tiberias. También en Juan, Jesús
    sopla sobre ellos y les da el Espíritu como parte del evento de la Resurrección. Existen
    diversas teologías en esta variedad de descripciones. A través de los milenios se han
    desarrollado hacia la diversidad profundamente católica de la comprensión  Cristiana.

    Una característica típica de los Evangelios sobre la Resurrección, es el rol de la mujer.
    Las primeras apariciones son a mujeres quienes, a diferencia de los discípulos
    hombres, creían inmediatamente una vez que lo reconocían aunque, como los
    hombres, se llenan de asombro o al principio impedidas de verlo con claridad. Las
    mujeres también son los primeros apóstoles de la buena nueva. Desde una sociedad
    patriarcal en donde el testimonio de la mujer no tenía ningún valor, esta es una elección
    extraordinaria.  Quizás ilustra el significado del evento. La Resurrección no conduce a
    una nueva religión o filosofía o sueño sobre la próxima vida, sino un nuevo modo de
    vivir la vida. La inyección de la vida resucitada de Jesús hacia el reino humano y
    cósmico es progresivo. A medida que se expande – a través de las mentes y
    corazones transformados de los discípulos – vemos que no es una experiencia
    privada. Vemos y nos reunimos con Cristo en comunidad. (La meditación por esta
    razón crea comunidad como ya sabemos). Y pueden llamarse sus discípulos, aquellos
    quienes han sentido el comienzo de la transformación que el causa y también la misión
    y el significado que le sigue. Cuando esto sucede, ya no permanecemos paralizados
    por elección, como lo están tantas personas modernas, sino que se experimenta la
    libertad de ser  elegido y autorizado. Jesús como maestro se ha expandido mas allá de
    su cultura, su tiempo y de sí mismo. El es un maestro a una escala y a una profundidad
    que es difícil de imaginar. Sin embargo el no es un gurú co-dependiente que acumule
    adoración, sino discípulos protagónicos y apasionados. El autoriza a quienes ama a
    volverse espiritualmente maduros, a salir predicando y cooperando con ellos (Marcos
    16:20). La Resurrección continúa sucediendo y  extiende su influencia. Aún está
    comenzando.

    Como John Main nos recuerda,  cada vez que meditamos entramos en el misterio
    pascual. Cada meditación nos lleva a confraternizar  (nunca  una ‘perfecta’
    comunidad) como el Jueves, la cena de silencio. A través de la muerte del ego, como
    sucede el Viernes. A través de la quietud y acción silenciosa del Sábado. Y hacia el
    Domingo y hacia el principio del engrandecimiento y gran despertar de la Resurrección,
    el abrazo universal que es la salvación.

    Con mucho amor,


    Laurence

PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB

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