“Fue un buen grupo hoy ”,fue lo que se le escuchó decir a uno de los isleños de Bere. Nosotros – meditadores e isleños – celebramos hoy a las 3pm, la Liturgia de la Pasión en la Iglesia de la Isla de Bere. Mayor cantidad de personas asisten a la liturgia del Viernes que al Jueves Santo, aquí como en todas partes. La Cruz es tan universal y compasiva con el sufrimiento humano. Para muchos es incluso suficiente. O parece como si estuviera tan lejos de lo que algunos podrían llegar en la exploración del Misterio de Cristo. Ciertamente es el lugar desde donde comenzamos. Y si estamos abiertos a la Cruz, experimentamos el comienzo de una relación en la fe, que nos llevará a través del limbo del Sábado Santo hacia la nueva creación que es de lo que se trata la Resurrección. Alrededor de dos semanas atrás, tres jóvenes murieron ahogados trágicamente cerca de aquí, uno de ellos era de la Isla. Colm Harrington acababa de celebrar su 21avo cumpleaños. Debido al mar, este tipo de muertes no son inusuales aquí, y varias familias han sido desgarradas por estos viernes santos personales. Cada vez que la muerte golpea, es un viernes santo, una reunión con la mortalidad, un recordatorio ineludible del horizonte de nuestras vidas. Celebramos la muerte de Jesús, y lo llamamos Sábado Santo porque en ello vemos un significado que transforma nuestro sentido del horizonte de la vida y nos da una inesperada gracia con la cual afrontamos las tragedias y limitaciones de nuestras vidas. Quizás lo importante de este significado, el poder efectivo de la Cruz, es su manifestación de impotencia. Frente a Pilato, el consumado político, hilador de palabras y dirigente de muchedumbres, Jesús se mantuvo en silencio encarnando la verdad. Le dijo a Pilato que el estaba allí para “ dar testimonio de la verdad” y luego dejó que el silencio hablara por Él. Tan duro como es para nosotros confiar en la impotencia, la sobrecogedora energía del Sábado Santo nos muestra esta verdad. Nuestro reflejo es siempre lo contrario, controlar, dominar, manipular. Somos económicos o moderados con la verdad o la suprimimos o la guardamos. Decir la verdad es confiar en un poder que sólo puede ser liberado en impotencia, la trascendencia del ego. Todos los Viernes Santos, personales o litúrgicos nos recuerdan esto. Si escogemos aceptarlo o no, no podemos negarlo de un modo realista. Sin embargo en la meditación, al repetir el mantra, confiamos y abrazamos esta verdad y nos encomendamos a ello. “Cada vez que meditamos”, como dice John Main, “nos adentramos hacia la muerte y a la resurrección de Jesús” Mucho amor,