Viernes Santo - 2008
LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA
APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS
    Queridísimos Amigos:

    “Fue un  buen grupo hoy ”, fue lo que se le escuchó decir a uno de los isleños de
    Bere. Nosotros – meditadores e isleños – celebramos hoy a las 3 pm, la Liturgia
    de la Pasión en la Iglesia de la Isla de Bere. Mayor cantidad de personas asisten a
    la liturgia del Viernes que al Jueves Santo, aquí como  en todas partes. La Cruz es
    tan universal  y compasiva con el sufrimiento humano. Para muchos es incluso
    suficiente. O parece como si estuviera tan lejos de lo que algunos podrían llegar
    en la exploración del Misterio de Cristo. Ciertamente es el lugar desde donde
    comenzamos. Y si estamos abiertos a la Cruz, experimentamos el comienzo de
    una relación en la fe, que nos llevará a través del limbo del Sábado Santo hacia la
    nueva creación que es de lo que se  trata la Resurrección.

    Alrededor de dos semanas atrás, tres jóvenes murieron ahogados trágicamente
    cerca de aquí, uno de ellos era de la Isla.  Colm Harrington acababa de celebrar su
    21avo cumpleaños. Debido al mar, este tipo de muertes no son inusuales aquí, y
    varias familias han sido desgarradas por estos viernes santos personales.

    Cada vez que la muerte golpea, es un viernes santo, una reunión con la
    mortalidad, un recordatorio ineludible del horizonte de nuestras vidas.
    Celebramos la muerte de Jesús, y lo llamamos Sábado Santo porque en ello
    vemos un significado que transforma nuestro sentido del horizonte de la vida y
    nos da una inesperada gracia con la cual afrontamos las tragedias y limitaciones
    de nuestras vidas. Quizás lo importante de este significado,  el poder efectivo de
    la Cruz,  es su manifestación de impotencia. Frente a Pilato, el consumado
    político, hilador de palabras y dirigente de muchedumbres, Jesús se mantuvo en
    silencio encarnando la verdad. Le dijo a Pilato que el estaba allí para “ dar
    testimonio de la verdad” y luego dejó que el silencio hablara por Él.

    Tan duro como es para nosotros confiar en la impotencia, la sobrecogedora
    energía del Sábado Santo nos muestra esta verdad. Nuestro reflejo es siempre lo
    contrario, controlar, dominar, manipular. Somos económicos o moderados con la
    verdad o la suprimimos o la guardamos. Decir la verdad es confiar en un poder
    que sólo puede ser liberado en impotencia, la trascendencia del ego. Todos los
    Viernes Santos, personales o litúrgicos nos recuerdan esto. Si escogemos
    aceptarlo o no, no podemos negarlo de un modo realista. Sin embargo en la
    meditación, al repetir el mantra, confiamos y abrazamos esta verdad y  nos
    encomendamos a ello. “Cada vez que meditamos”, como dice John Main, “nos
    adentramos hacia la muerte y a la resurrección de Jesús”

    Mucho amor,



    Laurence

PADRE LAURENCE FREEMAN
OSB
Traducción por
María Rosa González
de Chile