LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA
LA MEDITACIÓN CRISTIANA

ARGENTINA
    LECCIÓN NO. 4
    ¿PORQUÉ MEDITAMOS?
    El ímpetu que sentimos cuando decidimos comenzar a meditar es casi siempre a partir
    del momento en que nos enfrentamos con algo fuera de lo ordinario, algo que nos
    impacta  fuera de nuestra percepción ordinaria de la realidad. Puede ser un punto de
    crisis o un hecho mayúsculo dentro de nuestra vida, cuando la aparentemente segura  e
    inamovible realidad en la que vivimos de pronto se desmorona: somos rechazados por un
    individuo o grupo, nos enfrentamos con el fracaso, la pérdida de la auto estima, perdemos
    un trabajo valioso o nuestra salud nos traiciona repentinamente. El resultado de todo ello
    puede ser o un rechazo a aceptar los cambios, un descenso a la negatividad, el
    descreimiento o la desesperación.  O, contrariamente, enfrentados  con el hecho que
    nuestra realidad no es inmutable como pensábamos que era, podemos encarar el desafío
    de observarnos a nosotros mismos, a nuestro esquema habitual de vida, y a nuestras
    opiniones o valores, con otros ojos.

    Algunas veces puede tornarse en un momento de belleza exquisita que nos permite ser
    conscientes que hay más para ver. Bede Griffiths, este monje benedictino e historiador,
    describe  de que manera el despertar a la verdadera realidad, no surgió en su vida a partir
    de una crisis sino a partir de la contemplación de la Naturaleza. Describe en su libro “El
    hilo dorado”,  como fue llevado por el canto maravilloso de un pájaro en medio de las
    plantas florecidas, a un profundo sentimiento de maravilla  frente a la puesta del sol. El
    sintió que estaba siendo consciente de “otro mundo de belleza y misterio”, y que
    particularmente,  durante muchos atardeceres sentía la presencia “de un misterio
    insondable”

    No siempre es tan dramático este momento;  nuestra conciencia perceptiva  varía
    enormemente de una persona a la otra, y de un momento para otro. Algunos de nosotros
    podemos haber tenido un momento de “trascendencia”, un despertar a una realidad
    diferente, un escape de la prisión del ego, mientras escuchábamos música leíamos
    poesía o mientras quedábamos absorbidos por un trabajo artesanal.  Otros tal vez nunca
    han sido conscientes  de un momento de intuición, pero no obstante, en cierto nivel  
    siempre han sido conscientes de la existencia de una realidad mas elevada y, sin saberlo,
    se han sintonizado  gradualmente con esta realidad. Bastante tempranamente en nuestra
    meditación, a menudo tocamos la experiencia de una verdadera paz. Momentos como
    estos, -cuando somos liberados de la auto preocupación-, son dones divinos.

    En cualquier caso, el vislumbrar no es el fin, sino el principio: un ímpetu para crecer.  Las
    ansias de saber mas sobre esta realidad intuida  se fortalecen y miramos a nuestro
    alrededor para encontrar aquellos que puedan ayudarnos a enfrentarla. En este punto, de
    una forma u otra,  descubrimos la meditación. Es el comienzo del trabajo de clarificación
    e integración de la experiencia que permite el ascenso al despertar espiritual, la
    autenticidad personal y la verdad transpersonal.

    El hecho que una intuición, una percepción de otra realidad, sea el comienzo de nuestro
    camino hacia la oración más profunda, también significa que no podemos llevar a la
    meditación a nadie que no sienta unas “ansias por mas” dentro de su propio ser. Cuando
    nos sentimos llamados a comenzar un grupo, lo único que podemos hacer es
    comunicarlo en nuestra comunidad o iglesia, e invitar a la gente, pero si ellos tomarán la
    meditación como una disciplina de oración o no, no está en nuestras manos, sino que es
    un don divino.
    No podemos “convertir” a los demás para la meditación, solo podemos darles la
    bienvenida y animarlos a continuar, pero será su libre elección el tomar o no nuestro
    ofrecimiento.

    Nota: “Una perla de Gran valor” del Padre Laurence Freeman es de mucha utilidad cuando
    comenzamos con un grupo.  Por favor pulsa aquí.
Casa de retiros en Luján, Argentina
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Escrita por Kim Nataraja,
Escuela Internacional
Traducida por Magdalena
Puebla, General Las Heras,
Argentina
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