LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA
LA MEDITACIÓN CRISTIANA

ARGENTINA
    LECCION NO. 6
    ¿CÓMO NOS PREPARAMOS PARA LA MEDITACIÓN?
    John Main redescubrió la meditación, -la fiel repetición de una frase corta o palabra que
    nos conduce al interior del silencio de la “oración pura”. Descubrió, para su profunda
    alegría, los escritos de un  monje del siglo IV  de nuestra era,  John Casiano, quien había
    permanecido en diferentes ermitas en el desierto de Egipto en esa época, para aprender
    sobre la oración y sobre llevar una auténtica vida cristiana. Casiano enfatizaba que esta
    práctica llevaba al silencio de la oración pura, la oración contemplativa, sin palabras o
    imágenes. “La mente de esta manera descarta y reprime la rica y amplia materia de todo
    pensamiento y se restringe a si misma a la pobreza de una única palabra. “. Continuaba
    subrayando la importancia del mantra. “El mantra debe estar siempre en vuestros
    corazones. Cuando vayan a dormir permanezcan repitiendo esta frase, hasta ser
    moldeados por ella y acostumbrase a repetirla aun durante el sueño”.

    La fiel repetición de la frase, simplemente repetir nuestra palabra es, no obstante, no tan
    fácil como parece. Necesitamos prepararnos para este período:  no podemos pretender
    estar totalmente focalizados en nuestra oración sin  una cierta preparación previa.
    Cuando se le preguntó a John Main cómo deberíamos prepararnos para la meditación,
    dijo “por medio de muchos actos amables”. Debemos estar preparados mentalmente:
    tratar de meditar luego de una acalorada discusión con alguien realmente no va a
    funcionar, no es verdad? Nuestra vida ordinaria y nuestra vida de oración no están
    separadas: “de la manera que vives, esa es la manera que oras”, era una frase común
    entre los primeros cristianos.

    En el mundo en que vivimos, nuestras vidas tienden a ser ocupadas y estresantes.  Si
    descubrimos que estamos verdaderamente muy cansados, sería aconsejable que
    tomáramos una siesta antes de concurrir a nuestro grupo de meditación. Practicar
    algunos ejercicios de estiramiento de yoga , o algunos movimientos de Tai Chi también
    ayudará a que la energía vuelva a fluir. De otra manera, lo único que estaremos haciendo
    será “dormitar santamente”, y aunque eso está muy bien suele estar acompañado por el
    dulce sonido del ronquido. Los ronquidos y otros sonidos que escuchamos durante la
    meditación, pueden en realidad ser una excelente práctica para desapegarnos de
    cuestiones externas, retornando gentilmente y focalizándonos en nuestra palabra. Los
    ruidos en general no nos perturban realmente, en tanto y en cuanto no nos irritemos con
    ellos. Simplemente necesitamos aceptarlos tal cual son. Sin juzgar, sin criticar.

    La razón por la cual nos sentamos con la espalda erguida y nuestros hombros hacia
    atrás y relajados, es que esta posición también nos ayuda a mantenernos despiertos:  
    nuestro pecho está libre y abierto, de manera que podamos respirar bien y que el oxígeno
    pueda fluir libremente por todo nuestro cuerpo, manteniéndonos alerta. Relajarnos y
    dormirnos –aunque sea muy necesario- no es en realidad el punto de la meditación;  la
    atención focalizada necesaria para la meditación es en realidad una forma de
    permanecer alertas y energizados. Puede ayudarnos comenzar la sesión con  algunas
    respiraciones profundas al fondo desde abdomen, que nos relaja y al mismo tiempo nos
    energiza.

    La tarea esencial de la meditación es “permanecer en la palabra”. Ese es nuestro foco.
    La palabra que John Main recomendaba es “marantha”. Es la oración aramea cristiana
    mas antigua, el lenguaje que habló Jesús. La repetimos en cuatro sílabas iguales ma-ra-
    na-tha. No es de mucha importancia si usamos el ingles “th” o  el sonido “t”.  La
    pronunciación no es tan importante. Simplemente necesitan recordar que al rezar a
    Jesús pronunciamos Su nombre de forma diferente en cada uno de los  idiomas del
    mundo, pero eso no altera al efectividad de nuestra oración. Es mas,  en arameo sus
    amigos y familiares lo habrían llamado Yeshua. Lo importante es que repitamos nuestra
    palabra con total atención, amorosa y fielmente. Cuando los pensamientos nos
    distraigan,  simple y gentilmente deberemos traer nuestra mente de vuelta a la palabra.  
    Algunas  personas  les es de utilidad que la palabra flote con el ritmo de la respiración,
    pero si eso nos causa distracciones, simplemente focalícense en su palabra y repítanla
    con la velocidad que mejor les acomode.

    Nota: “Una perla de Gran valor” del Padre Laurence Freeman es de mucha utilidad cuando
    comenzamos con un grupo.  Por favor pulsa aquí.
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Escrita por Kim Nataraja,
Escuela Internacional
Traducida por Magdalena
Puebla, General Las Heras,
Argentina
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