LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA
LA MEDITACIÓN CRISTIANA

ARGENTINA
    LECCION NO. 8
    LA DISCIPLINA
            Todos conocemos la disciplina ahora:

    Siéntese. En quietud y con la espalda derecha. Cierre suavemente sus ojos. Siéntese relajado
    pero alerta. Silenciosa e interiormente, comience a repetir una única palabra. Recomendamos
    la oración-frase Maranatha. Escúchela a medida que la repite, gentil pero continuamente. No
    piense ni se imagine nada, espiritual o de otra clase. Si sobrevienen imágenes y
    pensamientos, solo serán distracciones durante el tiempo de la meditación. De manera que
    simplemente retorne al mantra y a repetir su palabra. Medite durante veinte o treinta minutos
    cada mañana y cada tarde.

    “Inmóvil y con la espalda derecha” no es tan fácil como parece.

    Nuestro cuerpo ha adquirido malos hábitos en cuanto a lo que se refiere a la postura. No
    obstante, una posición erguida con nuestra espalda tan recta como sea posible, es
    importante.  Asegúrese que sus hombros están caídos y relajados.  Esto, combinado con la
    espalda derecha, asegurará un pecho abierto, con la cantidad necesaria de oxígeno
    circulando en todo nuestro sistema, ayudándonos, de esta manera, a no dormirnos.  No
    importa realmente si nos sentamos en una silla  o en posición de loto, siempre y cuando nos
    permita  mantener nuestra posición confortablemente  durante todo el tiempo de nuestra
    meditación. Nuestros pies y rodillas deberán estar firmemente plantados en el piso, de
    manera que nuestra posición sea de arraigamiento.

    “La postura es un signo exterior  de nuestro compromiso interior a la disciplina de la
    meditación…al arraigarnos en nosotros mismos nos arraigamos en nuestro lugar en la
    creación” (John Main)

    John Main también recomendaba sentarse “con las palmas hacia arriba o enfrentadas con
    los dedos pulgar unidos”. En la tradición Oriental tocarse los dedos pulgar y anular se
    considera una parte importante de la circulación de energía  alrededor de todo el sistema.
    Pero es al mismo tiempo una excelente manera de mantenernos alerta: cuando nuestra
    atención haya decaído notaremos que nuestros dedos ya no se tocarán.

    Sentarse en quietud y permanecer en un lugar es verdaderamente el primer obstáculo en la
    disciplina de la meditación. Porque también estamos acostumbrados a estar
    permanentemente en movimiento, haciendo cosas y reaccionando a estímulos del exterior, y
    el  permanecer en quietud  sin  hacer nada en particular puede parecer una tarea intimidante
    e inusual.

    El estado de inquietud está en nuestros genes: nuestros antepasados pertenecieron todos a
    las tribus migratorias. Y un bebé es un excelente ejemplo de ello. Todo padre o madre sabe
    que un bebé quejoso  se quedará quieto con el movimiento: mecer la cuna, pasearlo en brazos
    o llevarlos a caminar en un carrito o sillita. Al tratar de permanecer en quietud, de permanecer
    en un lugar, vamos en realidad en contra de la corriente. El permitirle a nuestro cuerpo
    permanecer en quietud, dándole permiso para no hacer nada, es el primer paso  para
    contrarrestar esta tendencia a la impaciencia. Solo perseverando,  lograremos que esta
    urgencia para movernos y hacer cosas se aquiete y ser conscientes de las ventajas de la
    quietud y el silencio. Los Padres  y Madres el Desierto, en quienes se basa la meditación,   
    enfatizaban la importancia de permanecer en un solo lugar:

    “Un hermano en Scetis fue a pedir un consejo al Abad Moisés y el anciano le dijo: “Ve
    y siéntate en tu celda y tu celda te enseñará todo”.

    Una vez que se haya disipado de  nuestro cuerpo la inquietud, esto se transferirá a nuestra
    mente, como lo veremos la próxima semana.
Casa de retiros en Luján, Argentina
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Escrita por Kim Nataraja,
Escuela Internacional
Traducida por Magdalena
Puebla, General Las Heras,
Argentina
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