En agosto de 2007 me enteré por un programa de televisión de la página web de meditación cristiana y de inmediato la busqué, imprimí todos los artículos y los leí con sumo interés, al mismo tiempo me inscribí en la comunidad y desde entonces recibo amorosamente cada semana, por parte de Lucía Gayón, el boletín con pláticas del Padre John Main y Laurence Freeman, llenas de sabiduría y fruto de su propia meditación y encuentro con Dios, que refuerzan mi práctica de la meditación, además de los correos electrónicos de la comunidad. Al saber del retiro me anoté con prontitud, me emocionaba mucho pues era la oportunidad de conocer al Padre Laurence, a Lucía y algunos de los compañeros meditadores, y de expectación pues era la primera vez que iba a uno. El lugar no pudo ser más conveniente y hermoso, el Monasterio Benedictino en San Benito Ahuatepec en Cuernavaca. El viernes por la noche el Padre Laurence nos pidió que nos reuniéramos por pequeños grupos, que nos presentáramos y dijéramos que esperábamos del retiro, ahí me di cuenta de que estábamos en una gran sintonía y buscando la misma cosa: el sentido de nuestra vida por medio de la presencia del amor en Jesucristo. El padre nos dijó que a partir de ese momento era un retiro de silencio, por respeto a la meditación de cada uno, ¡qué experiencia tan sorprendente!, no necesitamos las palabras sólo estar ahí poniendo nuestra atención que como dice el Padre Laurence es un signo de amor. Me encantó la caminata contemplativa, y la comparación con la meditación diaria: suave, amorosa, sin expectativas, libre del ego, al ritmo de cada uno, solitaria pero juntos. Y las 3 conferencias que nos dio el Padre Laurence sobre el amor: a nosotros mismos, a los otros, a Dios, hablando de cosas tan humanas de siempre pero tan actuales: el autoconocimiento, el ego, el eros, el hoy, la amistad, la paciencia, la interdependencia, la impermanencia, la pobreza interior cristiana, la paciencia, Dios y el humanismo moderno, nuestra época secular, la libertad de creencias, la experiencia del tiempo, la ansiedad, la atención, el poder, el miedo, el regalo puro de Jesús. Puedo decir que en el retiro me cargue de energía, fuerza y conocimiento para continuar en la disciplina de la meditación diaria; sé que todos los días tengo que luchar con mi ego y aquietar mi mente, pero estoy cierta de que la meditación cristiana y los compañeros en comunidad me apoyaran para continuar en el camino. MUCHAS GRACIAS Padre Laurence, Lucía, participantes del retiro y a todos los meditadores en espíritu por su amorosa presencia, a Dios por permitirnos lograrlo.
Ana Brenda Trejo Lic. en Relaciones Comerciales Administración Pública Federal en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México Febrero 2008